“AMARNOS ENTRE NOSOTROS COMO SE AMAN: EL PADRE, EL HIJO Y EL ESPÍRITU SANTO”

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1-. “El los irá guiando hasta la verdad plena”. Queridos hermanos en los tiempos de Jesucristo, había multitud de dioses, multitud de religiones. El olimpo estaba lleno de dioses mitológicos, que se peleaban unos con otros.

También los romanos tenían otros dioses: Mercurio, Zeus, Saturno. Tantos dioses que tenían cada una de las religiones y cada una de las naciones, que Dios Nuestro Señor, llegada la plenitud de los tiempos decidió manifestar y revelar al Dios verdadero.

¿Cómo es el Dios verdadero?. Jesucristo nos dice: “El Padre les enviará otro Paráclito y él les recordará y les enseñará todo lo que yo les he dicho”.

2-. ¿Cuál es la verdad del Dios, que Jesucristo nos viene a revelar?. Esa verdad es el amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Un efluvio de amor intensísimo, infinito, incomprensible.

Hay una comunicación y una interacción y un amor intensísimo entre ellos. Ésa es la plenitud de la verdad de Dios.

Eso es lo último de Jesucristo, eso es lo máximo de Jesucristo. Es el culmen de la revelación de Jesucristo.

3-. Pero no se queda ahí el amor de Dios, sino que desborda al mundo. “Tanto amó Dios al mundo que nos envió a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca sino que tenga vida eterna”.

El amor de Dios se derrama en nuestros corazones y la plenitud de la revelación, la verdad perfecta, la verdad completa es: que nosotros debemos amarnos los unos a los otros, como Dios nos ha amado.

Él nos amó primero, para que nosotros aprendiéramos a amarnos. Dios es familia: Padre, Hijo y Espíritu Santo, para poder ser amor. Y nosotros también somos hermanos de un mismo Padre, tenemos una familia, tenemos esposa, hijos, y eso es lo que nos hace semejantes a la Trinidad.

Y la Trinidad es el modelo, el ejemplo perfecto de lo que debe ser el amor entre nosotros. ¿Cuál es pues la verdad plena a la que nos guía el Espíritu Santo?.

Es el amor, es lo único que nos salva al final de los finales. Por eso aprendamos queridos hermanos a amarnos como la Santísima Trinidad.

Y así viviendo ese amor intenso, verdadero, divino que entregamos a los demás, ése es el misterio y la plenitud de la verdad.

La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.