“CONVIÉRTETE”

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1-. Queridos hermanos, estamos en el primer domingo de la Cuaresma. Acabamos de recibir la ceniza, el miércoles de ceniza. Nos ha invitado a convertirnos: “conviértete y cree en el Evangelio”.

Comenzamos este proceso de cuarenta días para purificarnos, para prepararnos hacia la Semana santa y la Pascua del Señor. Tenemos este espacio dedicado especialmente al ayuno, la oración y la
limosna.

2.- ¿Por qué nos preparamos cada año, porque lo repetimos?
Porque en realidad, queremos participar de la Pascua del Señor, pero sobre todo de la Pascua Eterna. Nuestra vida es un camino, vamos avanzando, purificandonos, mejorándonos, superándonos, para llegar un día a la plenitud. La plenitud de la vida que es la vida eterna, que es la vida de comunión con Dios nuestro Señor, esta es nuestra la realidad, este es el camino, avanzar con oración, con ayuno y con limosna.

3-. Jesucristo en el evangelio nos enseña cómo venció las tentaciones del demonio.
Primero Jesús estuvo cuarenta días en ayuno y en oración ahí en el desierto. Cuando somos capaces de dominarnos, de controlarnos para no devorar todo lo que se nos antoja, entonces tenemos fortaleza espiritual para vencer las tentaciones del enemigo. Cuando hacemos oración también nos fortalecemos en nuestro espíritu. Renunciamos a nuestro ego, no queremos idolatrarnos, no queremos ser el centro y el ídolo nosotros mismos. No queremos que el “yo” sea el que manda, que sea el dios,
no queremos adorar a ese ego. Entonces reconocemos a Dios Padre misericordioso y nos reconocemos necesitados de Él, para que nos ayude, nos proteja y nos guarde de todo mal, perdone nuestros pecados.

4-. En esta Cuaresma, queridos hermanos, abramos nuestro corazón a Dios nuestro Señor, lo necesitamos, necesitamos su gracia, su misericordia, su perdón, para encontrar la paz, la fuerza y la plenitud de nuestra vida. Para ser mejores persona, para ser más felices. Esas son las armas para vencer al enemigo: el ayuno, la oración y la limosna. Y también desprendámonos de nuestras cosas, no tratemos de acumular solo para nosotros, sino de compartir nuestros bienes con nuestros hermanos.

La bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos ustedes y los lleve a la vida eterna. Amen.

  • Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C.
    Obispo Prelado de Cancún-Chetumal