“DIOS RECHAZA A LOS SOBERBIOS, PERO DA SU GRACIA A LOS HUMILDES”

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  1. Por qué será, que cuando estamos en una reunión de amigos, si alguien comienza a envanecerse, a presumir, a decir cosas de él mismo, crea como un rechazo, como que no nos gusta, como que nos caen mal los que son fanfarrones, los que presumen de sí olvidando que no nos pertenecemos. Si a nosotros humanos nos cae mal mucha gente soberbia y orgullosa, a Dios aún más le repugna y los rechaza. ¿Por qué será? Porque la soberbia es falsedad, es mentira y la humildad es verdad. Cuando uno cae en la soberbia, está perdiendo el piso (dice la gente), está diciendo algo que no es verdad. Dios es la verdad, por eso no puede soportar a los falsos, a los mentirosos.

 

  1. Dios es la verdad, el demonio es la mentira. Pero además con los humildes Dios puede hacer maravillas, como lo hizo con la Virgen Santísima. Dice el Evangelio de Lucas que se quedó prendado de la humildad de su esclava, se enamoró de aquella doncellita de Nazaret porque era humilde e hizo en ella maravillas, cosas grandes. La hizo la Madre de su hijo Jesucristo. Con el soberbio no puede hacer nada, porque el soberbio ya lo puede todo, no necesita nada, no tiene que pedirle a Dios porque él ya lo tiene todo, no tiene que pedirle perdón porque él ya se cree santo. En cambio, el humilde se siente pequeño, le pide perdón a Dios nuestro Señor y es justificado.

 

  1. Dios puede hacer maravillas, puede hacer un santo al humilde. Al soberbio no lo puede hacer santo, porque ya se cree un santo. Después de perder su dignidad se hace manipulador de Dios, hace a Dios con mayúscula un dios con minúscula, falso, a su medida. Por eso dice el Evangelio, que bajó justificado aquel publicano que se daba golpes de pecho, que pedía perdón ante el Dios Verdadero, encontró en Dios el perdón y la misericordia, se liberó de sus pecados, salió justificado, es decir salió en paz, salió tranquilo, salió como quitándose ese peso de encima, encontró la misericordia, el amor, los brazos misericordiosos y tiernos de su Padre celestial, que le perdonó todos sus pecados, en cambio el otro, salió igual o peor pues se encontró con su dios, no con el Único Dios.

 

  1. Queridos hermanos, si queremos encontrarnos con Dios, si queremos que nos perdone nuestros pecados, tenemos que ir con esa actitud de humildad, reconocer que nosotros no podemos, que sin Dios no nos podemos vanagloriar de nada, él nos lo ha dado todo, sin Dios no podemos dar un paso en nuestra vida, sin Dios no podemos perdonarnos nuestros pecados a nosotros mismos, sin Dios no sabemos ni quiénes somos , ni de dónde venimos, ni a dónde vamos, acojamos pues la misericordia de Dios con mucha humildad, pidiéndole el perdón por nuestros pecados y pidiéndole su bendición.

 

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.