EL INFORME PRESIDENCIAL

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De acuerdo con lo que señala el artículo 69 constitucional, “En la apertura de Sesiones Ordinarias del Primer Periodo de cada año de ejercicio del Congreso, el Presidente de la República presentará un informe por escrito, en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública del país.”

Este acto que ha tenido muchas variaciones en el transcurso del tiempo representa para muchos uno de los mejores ejemplos de lo que debe ser un acto republicano.

Recuérdese que son los diputados del Congreso de la Unión, los que año con año aprueban, a través del Presupuesto de Egresos de la Federación, los recursos económicos de los que dispondrá cada uno de los Poderes de la Unión para sufragar sus proyectos y gastos; siendo el Ejecutivo a quien le son otorgados la mayor cantidad de recursos, habida cuenta de que es a este Poder al que se le tiene encomendada la ejecución y Administración Pública.

A través del Presupuesto, se destinan de manera específica, recursos para la consecución de fines determinados. Se presupuesta con base a lo que se pretende alcanzar, estableciéndose de manera concreta, no únicamente los montos que se destinarán para la consecución de la meta, proyecto, política pública, etcétera, sino que también, y acaso más importante, se precisa lo que se habrá de alcanzar con el gasto en términos de la satisfacción de los problemas, carencias y demandas de la sociedad.

Esto es, se presupuesta con base en los resultados, donde no solamente es importante gastar honestamente, sino que efectivamente se alcance el fin propuesto.

Así, quien ejecuta el Presupuesto, el Ejecutivo, al rendir un informe del estado que guarda la administración pública ante quienes aprueban el destino de los recursos — mismos que representan al pueblo que aporta con su trabajo y contribuciones esos recursos—; pueden cerciorarse de que sus determinaciones al aprobar el presupuesto fueron debidamente acatadas y respetadas, y sobre todo, que lo que se planteó lograr con el recurso solicitado, efectivamente se alcanzó, superando una carencia social, cumpliendo una demanda ciudadana; dotando de satisfactores a la población, consiguiendo combatir un mal social, etc.

Se decía, el informe ha sufrido de cambios a lo largo de la historia del México independiente; llegando incluso a ser un acto superfluo, alejado de su fin primordial, devaluándole, sobre todo por el uso político que en algunos momentos a lo largo de esa historia se le ha dado. Sin embargo, conviene que este acto, quitándole todos los excesos y banalidades, se conserve y se vigorice.

El que el Ejecutivo rinda un informe ante el Legislativo, es una buena práctica de equilibrio y contrapeso entre los Poderes Supremos del País. Orienta el gasto a la satisfacción de las necesidades de la Nación.

Fortalece a la República y a la Democracia. Le recuerda al ejecutor del gasto, que los recursos son públicos y que solamente se le ha encomendado, temporalmente, su administración. Que tiene una obligación, además de constitucional y legal, de rendir cuentas, con el pueblo por el que protestó mirar en todo momento por su bienestar; por señalar algunas.

Fortalezcamos este tipo de actos.