EL PODER JUDICIAL FEDERAL (PARTE 2/2)

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En la entrega previa, se aludió a la división de poderes y las funciones encomendadas el Poder Judicial Federal.
Entre ellas se mencionó brevemente, la de ser un contrapeso a los otros poderes. Contrapeso que implica que, en caso de necesidad, los poderes actúen para atemperar, corregir y evitar cualquier equivocación, ejercicio abusivo o extralimitación de alguno de los otros poderes o de sus integrantes.
Estos conceptos, en nuestro Derecho, encontraron sustento en las ideas de personajes como Montesquieu y Madison.
Montesquieu plantea que, con la separación de poderes, se pretende someter a los poderes públicos al imperio de las leyes y al estado de Derecho; señalando que “si el Legislativo y el Ejecutivo son una sola institución, no habrá libertad”, así como que, “Tampoco la habrá si las autoridades judiciales no están separadas de las legislativas y las ejecutivas”. Creía que la existencia de esas tres ramas impediría la aprobación y aplicación de leyes tiránicas, pues los otros dos Poderes controlarían al tercero. Sobre el tema, Madison externó: “darle mucho poder a una de las partes del gobierno ‘es la mismísima definición de la tiranía’”.
Werner Weber, por su parte, consignó: la división de poderes tiene una validez que trasciende cualquier época histórica y país, porque los valores que aquélla contiene (garantizar la libertad, evitar la arbitrariedad y el abuso, así como el monopolio de un poder) tienen categoría universal.
El actuar de cualquiera de los poderes, tiene (y así debe prevalecer) límites. El más importante, la constitucionalidad de los actos; y el responsable de asegurarse que ese límite no se rebase es precisamente el Poder Judicial.
Lo anterior toma especial actualidad e importancia, dada la realidad política presente en nuestro país, en la que, de hecho, tanto el ejecutivo como el legislativo se encuentran alineados en una misma dirección, lo que no sucede (en la misma tesitura al menos) con el judicial, lo que, desafortunadamente, al darse un diferendo en sendas interpretaciones entre los poderes, se ha generado, más allá de las vías institucionales, ataques hacia el poder judicial.
Los ataques, constantes y sistemáticos, emanados de los representantes de los otros poderes y por sus seguidores en contra del Poder Judicial y sus representantes, y sus posibles consecuencias; no son, en absoluto deseables, son imprevisibles y muy riesgosas. No solamente se ataca y agrede a las personas, sino que golpea directamente a las instituciones que con tanto trabajo se han venido construyendo. México es y debe continuar siendo mucho más que un País de un sexenio.
Los diferendos han de solucionarse por las vías institucionales que nos hemos dado.
A nadie conviene, que se rompa la estabilidad, la democracia, el sistema imperante elegido; la constitucionalidad.
Mucho menos que, en caso de que la actual norma no sea lo que se requiere para algún fin específico, aprovechando las mayorías con las que se cuenta, ésta(s) sea(n) modificada(s) a fin de que se ajuste a lo deseado; peor aún si se trata de una norma constitucional o toda la Constitución.