“EL QUE NO RENUNCIE A TODOS SUS BIENES NO PUEDE SER MI DISCÍPULO”

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1. Caminaba con Jesús una gran muchedumbre. Y él volviéndose a sus discípulos les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, asimismo, no puede ser mi discípulo”. ¿Porque Cristo se presenta en éste pasaje tan exigente para con todo aquel que quiera seguirle? En realidad, el estilo de vida de Jesucristo, fue muy exigente puesto que vivió en pobreza total, “El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza”. También vivió en perfecta castidad, sin tener una esposa, una familia, unos hijos. Y finalmente vivió en perfecta obediencia a la voluntad del Padre, no se permitió nada en su vida que no estuviera conforme a la voluntad del Padre y eso le llevó a la muerte en la cruz, “Padre si es posible aparta de mí éste cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

2. Frente a éste estilo de vida tan exigente, no nos queda otra que pensarlo muy bien antes de entrar por éste camino. Antes de entrar por éste camino, debemos pensarlo muy bien, para no arrepentirnos de haberlo seguido y echar marcha atrás.

3. Seguir a Cristo es ir contra corriente, es ir contra el mundo, contra nuestras propias pasiones y contra las seducciones del demonio. Todo lo que hay en el mundo es: concupiscencia de la carne, soberbia de la vida y avaricia de las riquezas. Cristo nos ofrece la dicha y la felicidad de la pobreza, de la pureza, de la mansedumbre y de la humildad. Si en cualquier camino de la vida, la renuncia es parte importante; en el camino del seguimiento de Cristo, la renuncia es esencial e irrenunciable.

4. Para ser fieles en el camino de Jesucristo, necesitamos tres cosas: Primero: convicción inquebrantable de que podemos, queremos y debemos seguir éste camino. Segundo: opción fundamental de emprender este camino a cualquier costo y a cualquier renuncia y Tercero: coherencia de vida, para vivir siempre de acuerdo a la opción fundamental que hemos hecho por Jesucristo. Estas son las tres etapas, para ser fieles hasta el final.

5. Que el Espíritu Santo nos ilumine la mente para conocer éstas etapas y que nos conceda la fortaleza para recorrerlas hasta el final. Que la Virgen Santísima nos acompañe para no fallarle a Jesucristo y ser fieles hasta la muerte. Así sea.