“ENTRE EL CAFÉ Y EL SEXO”

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Me encontraba con mis amigas tomando el “cafecito” cuando salió a la conversación un tema que de pronto parece “tabú” pero que en realidad es más normal de lo que nos han hecho parecer.

Hablábamos de la comunicación en la cama, y es que si queridas y queridos lectores. El conversar de lo que nos gusta en él, lo sexual es parte de los secretos para mantener la pasión encendida y más cuando han pasado ya mucho tiempo juntos. Es normal que de pronto la monotonía se asome dejando entre ver algo de falta de creatividad. Pero si hablan de lo que les gusta entre sí serán más disfrutables sus encuentros sexuales.

¿A ti que te gusta? Le fui preguntado a cada una de mis amigas y con toda la cara roja de pena, comenzó a brotar la picardía.

Uno de los temas además de los gustos, juegos y de más, sin duda es la edad y es que en general, tenemos algunas ideas erróneas sobre el sexo de las personas mayores.

La anécdota que más adelante les cuento es sólo un ejemplo de prejuicios existentes al respecto.

La Psicogerentóloga Carmen Aparicio Navarro explica una de las realidades que ignoramos en cuanto al sexo y las personas mayores, en cualquier grupo de edad, ya que para el sexo no hay ninguna edad. La actividad sexual disminuye de manera muy diferente entre las personas mayores. Aunque se producen cambios físicos propios de la vejez tanto en hombres como en mujeres, la libido, el deseo y, sobretodo, la imaginación sexual pueden mantenerse, dando rienda suelta para cumplir las fantasías que se tenga a cualquier edad.

Para algunos expertos, la edad “mayor” para la sexualidad comienza a los 55 años. Para otros, es a partir de los 60 años, ya que es en esta etapa cuando los cambios físicos propios de la edad reproductiva se hacen más latentes en cuanto a la disminución de la libido, lubricación, duración, etc., en ambos sexos. La realidad es que para el deseo no hay edad.

Carmen, por medio de la siguiente historia, introduce a sus estudiantes y pacientes a la comprensión de este tema.

“El tío de Asun murió a los 80 años. Era su único pariente y ella lo visitaba todos los jueves para asegurarse de que se encontraba bien y ayudarlo con las compras. El tío Pepe era un hombre tranquilo, de agradable conversación, que podía pasar horas y horas en su jardín, rodeado de libros”.

Al morir el tío Pepe, Asun le contó a una amiga: “¡No lo vas a creer! Al salir del entierro, pasé por la casa de mi tío a recoger algunas cosas y en la mesita de noche encontré una agenda. La estuve hojeando y prácticamente todos los días había notas sobre encuentros con mujeres. En casi todas las citas aparecía el nombre y la hora, y en algunos casos había anotaciones de encuentros con ellas, sobretodo explícitamente historias sexuales. Ahora entiendo qué hacían esas estupendas señoras vestidas de negro en su entierro. Estoy sorprendida.”

Su amiga le respondió: “¡No es para tanto!  A esa edad el sexo es más normal de lo que la gente piensa.”

Pero Asun no la dejó terminar: “Pero ¿no te das cuenta? Todos los jueves aparecía la misma anotación. El resto del día en blanco. Entiendes, le arruiné sistemáticamente todos los jueves del año”.

Algunos autores afirman que es más el prejuicio de que la sexualidad termina en la vejez, que lo que realmente es la actividad sexual.

Algunos cambios físico-sexuales en las mujeres son la disminución de estrógenos, acortamiento y estrechamiento de la vagina, menor elasticidad vaginal, menor lubricación vaginal y, obviamente, los cambios físicos que la edad conlleva, los cuales, por cierto, son muy normales y no por ellos las mujeres dejamos de ser bellas.

Por su parte, los hombres también pasan por cambios psicológicos y físico-sexuales, como son: disminución de testosterona, disminución de producción de esperma, menor duración, falta de erección; además de cambios con la respuesta sexual y cambios físicos normales y aceptables que la edad conlleva, lo cual los hace no menos guapos o interesantes que en su vida de juventud.

Como pueden ver, queridas y queridos lectores, la sexualidad va más allá de sólo el acto de ejercerla. Es magia, es sensualidad. Y no importa la edad que se tenga, siempre y cuando se haga con responsabilidad, consentimiento, amor, afecto, gusto, cariño, deseo y pasión. Así que, si ustedes se encuentran en edad adulta tirándole a la vejez, no se preocupen, pueden seguir dando rienda suelta a sus más profundos deseos sexuales.

¡Quiéranse! ¡Apapáchense!