“ES JESÚS, QUE PASA.”

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Por: + Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C. |Obispo Prelado de Cancún-Chetumal | @PedroPablObispo | FB/PedroPablObispo

  1. ¿Qué buscan? Los dos discípulos de Juan el Bautista buscaban algo grande que les llenara el vacío de su corazón, cuando el Bautista señala a Jesús que pasa diciéndoles: “Este es el Cordero de Dios”. Ellos sienten como un imán que los atrae hacia la persona de Jesús, se acercan a Él y Él les pregunta: ¿Qué buscan? luego les invita a irse con Él y ver el lugar y el mundo en el que vive. Todos los seres humanos buscamos algo más grande, más amoroso y más bello que dé plenitud a los anhelos de nuestro corazón. Decía San Agustín: “Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Dios nos hizo un corazón tan grande que sólo se llena plenamente con su amor. Dios hizo nuestro corazón a la medida del suyo y por más cosas que le echemos nunca se llenará si falta la presencia de Dios. La nostalgia de nuestro corazón encuentra la respuesta si buscamos y encontramos a Dios. “Y cuando me busquen me encontrarán, siempre que me imploren con todo el corazón” (Jr. 29, 13).

 

  1. Hemos encontrado al Mesías. Si tenemos la dicha de encontrar el rostro de Jesús y quedarnos con Él, la alegría, la paz y el amor estallarán tierna y suavemente en nuestro corazón. Es Cristo que pasa a nuestro lado. Es Cristo el primero que nos busca pero no siempre acertamos a descubrir los signos de su presencia, nos faltan ojos de fe para encontrarlo a Él en los signos que Él nos envía; necesitamos fijar los ojos en Él, necesitamos ir con Él, contemplar los valores en los que Él habita y quedarnos con Él, permanecer unidos a la fuente de su amor, para que su amor nos seduzca y experimentemos la grandeza y sublimidad de su divinidad. Todos los profetas lo señalaron a Él como el Cordero de Dios, pero sólo si lo experimentamos a Él también nosotros lo señalaremos y lo anunciaremos a nuestros hermanos que todavía lo andan buscando aún sin saberlo.

 

  1. Es Cristo que pasa a nuestro lado. Es Cristo quien toca nuestro corazón, es Cristo quien nos invita a estar con Él, es Cristo quien nos invita a experimentar su amor infinito e incondicional. Es como aquella señora que lloraba de alegría y decía: “Yo no sabía que Dios me iba a perdonar todos mis pecados e iba a sentir esta gran paz”. Así queridos hermanos, dejemos que Cristo nos toque el corazón. En el momento menos pensado, Cristo pasa por nuestra vida, fijemos los ojos en Él, vayamos y veamos dónde vive y quedémonos con Él toda la tarde. Hagamos todo lo posible por compartir a Cristo con nuestros hermanos. Que alegría ser mensajeros del Evangelio y llevar a nuestros hermanos al encuentro con Cristo. Es Cristo que pasa al lado de nuestro camino y somos instrumentos para que Él siga pasando a la vera del camino de nuestros hermanos. Que el Señor se fije en nosotros, nos mire con benevolencia y nos colme con sus bendiciones. Así sea.