“¿NO ESTOY YO AQUÍ QUE SOY TU MADRE?”

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Por: + Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C.Obispo Prelado de Cancún-Chetumal | @pedropablobispo | FB/Pedro Pablo Elizondo Cárdenas

Hace dos semanas celebramos la fiesta de nuestra Señora del Rosario y la semana pasada, 13 de Octubre, celebramos la clausura en la Prelatura del “año jubilar por el centenario de las apariciones de nuestra Señora de Fátima”. Ésta fiesta y éste aniversario son una oportunidad muy buena para recordar el papel de María en nuestra vida cristiana, es una invitación a acoger en nuestra vida la presencia de María y a acudir a ella en nuestras necesidades y tribulaciones. Cuando Jesús fue crucificado, estaba junto a la cruz de Jesús, su madre, “Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer ahí tienes a tu hijo”, luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”, y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa (Jn. 19, 25).

Como dice el Papa Francisco, María es sobre todo y ante todo una madre, María es la que sabe transformar una cueva de animales, en casa de Jesús con unos pocos trapos y una montaña de ternura y es capaz también de hacer saltar a un bebé en el seno de su madre, como dice el Evangelio, ella es capaz de darnos la alegría de Jesús, María es fundamentalmente “Madre”, antes de Reina y Señora, María es ante todo “MADRE”, porque nos trajo a Jesús, no se puede concebir otro título a María, que el de Madre, porque engendra a Jesús y nos ayuda con la fuerza del Espíritu Santo a que Jesús nazca y crezca en nosotros. Ella tiene la misión de moldear nuestra personalidad cristiana según la imagen de su hijo Jesús, ella educó a su hijo Jesús y sabe mejor que nadie cómo educarnos y forjar la imagen de Jesús en nosotros.

María es madre de la Iglesia, no tenemos derecho a tener psicología de huérfanos, el cristiano no tiene derecho a ser huérfano porque tenemos una “Madre”, una madre que nos educa en la fe, es distinto buscar crecer en la fe sin la ayuda de María, es como crecer en la Iglesia orfanato, una iglesia sin María es un orfanato, Ella educa, nos acompaña, toca las conciencias para el arrepentimiento. Una madre cuida a su hijo y trata de salvarle la vida hasta el fin, como decía san Alfonso María de Ligorio, un devoto de María no se condena, María es la que ayuda a bajar a Jesús, en su abajamiento, lo trae del cielo a convivir con nosotros, mira, cuida, avisa. En el apocalipsis ella sale corriendo con el niño en brazos para que el dragón no lo devore. Según los monjes rusos, en los momentos de turbulencia espiritual no queda de otra que acogerse bajo el manto de la Santa Madre de Dios.

Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades y peligros, antes bien protégenos y líbranos de todos los males oh Virgen Gloriosa y Bendita. Amen.