“LA PAZ ESTÉ CON USTEDES”

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Por: + Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C. |Obispo Prelado de Cancún-Chetumal | @PedroPablObispo | FB/PedroPablObispo

En el día de la Divina Misericordia: Un Padre misericordioso, que envía a su hijo, la Misericordia misma y se entrega por nosotros y más aún, continúa siendo misericordioso al dejarnos su Espíritu Santo, que es el Espíritu de paz. Por eso mismo, el evangelio de hoy nos recuerda que el mismo domingo de la Resurrección Jesús saludó a los discípulos diciéndoles: “La paz esté con ustedes” (Jn 20, 19). Ellos necesitaban este espíritu de paz, pues estaban turbados por la culpa de haberle fallado a Jesús. El don de la paz es el más grande regalo de la misericordia divina.

Jesús ha venido a devolvernos la paz que hemos perdido a consecuencia del pecado. No podemos vivir en plenitud sin esta paz. No una paz como la da el mundo, como simple ausencia de guerra. El espíritu de paz es necesario para nuestra existencia humana y solo la puede dar Dios. La paz es fruto de la presencia de Dios en nuestra alma. Al confesarnos, al orar con Dios, al confiar en Dios él nos devuelve la paz.

El pecado fractura esa paz. Por eso la mayor muestra de misericordia de Dios es que podemos gracias al sacrificio redentor de Cristo, pedir perdón de nuestros pecados y quedar restaurados en el sacramento de la Confesión. La reconciliación nos devuelve la paz. Solo así podremos recobrar esa tranquilidad y serenidad del alma. Recuperemos la paz, escuchando la voz de Dios y haciendo una buena confesión. No escuchemos otras voces como la del odio o el rencor. No permitamos perdernos este regalo maravilloso de Dios, su paz que es fruto de su misericordia Divina.

Los hombres y las mujeres, en su manera humana de percibir las cosas, invierten los valores: buscan la paz antes que a Jesús; pero no la hallan. El cristiano tiene paz en su relación con Dios. La paz de Cristo es paz interior; calma en medio de la tormenta; serenidad cuando todo a tú alrededor parece que se viene abajo. Permitamos que Cristo sea nuestra paz verdadera, nuestra reconciliación con los hombres y nuestra fuente de misericordia.