LEGALIDAD Y JUSTICIA

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El Estado moderno tiene como características principalísimas, las de crear un orden legal que convierte al propio Estado en sujeto de Derecho, con derechos que hacer valer, y obligaciones que cumplir; así como la de atribuirle el uso legal de la fuerza para la defensa de la colectividad y la prevalencia del orden jurídico; siendo, estos rasgos, la culminación de dicho orden legal. Así, por Legalidad, se entiende el crear certeza jurídica, certidumbre del ciudadano respecto de las normas a que ha de atenerse en su vida cotidiana y en sus negocios, así como crear seguridad jurídica; en el entendido de que, en el evento de que exista una violación o vulneración a su esfera jurídica, existe un órgano del Estado presto para hacer que se respete dicho orden, restableciéndole en sus derechos, aún por medio de la utilización de la fuerza pública. Por su parte, a la Justicia, ya desde el siglo V de nuestra era, Ulpiano la definió como la “eterna y permanente voluntad de dar a cada quien lo suyo”, y desde entonces el hombre ha venido tratando de desentrañar lo que representa en la vida cotidiana “lo suyo de cada quien”. Situación que se complica un tanto, debido a la desigualdad de los hombres, con capacidades desiguales y con relaciones que generalmente implican la superioridad de alguno por sobre otro. El poderoso o superior, llámese gobernante, patrón, socio, vecino, profesor o padre de familia, invariablemente argumenta tener una mejor concepción que la legal para su relación, tentado a pasar o pasando por encima de los derechos de aquellos a quienes la ley protege, a fin de continuar en esa relación ventajosa. Acerca de estos temas, en un artículo firmado por Jesús Silva Herzog Márquez, de fecha 26 de marzo de 2012, en el que se trata el tristemente célebre asunto de la francesa Florance Cassez, relata la postura que tomaron las autoridades administrativas en el asunto. Señala que se dijo: “Justicia es dar a cada quien lo que le corresponde de acuerdo a su propio derecho. Cumplir la ley, desde luego, sí. Pero, también, y, sobre todo, hacer justicia”; pero entendiendo por justicia el castigar. Para ello, dice, “se lanza a un acusado la condena de ser criminal, se convoca el odio popular y se activan los reflejos del resentimiento para repeler la idea misma de sus derechos. El acusado es criminal porque la televisión o el político ya lo han sentenciado. Que se le castigue y que se calle”. Y remata diciendo: “Ese es el debate en que pretenden embarcarnos los populistas de izquierda y de derecha: la Justicia o la Democracia contra los procedimientos y las instituciones”. Por su parte, sobre este asunto, el entonces Presidente de la Corte, afirmó: “Sin formas no hay legalidad y sin legalidad no hay justicia ni seguridad”. Temas de actualidad innegable que invitan a la reflexión y que vale tener presentes en todo tiempo. Legalidad y Justicia, son pilares de nuestra pretendida vida social y democrática.