“LEVÁNTATE Y VETE, TU FE TE HA SALVADO”

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1. Le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!”. Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Jesús fue un hombre compasivo que se conmovía hasta las lágrimas ante las necesidades y desgracias ajenas. Lloró ante la tumba de Lázaro y tuvo compasión de todos los enfermos que se encontraba en su camino. Fue un hombre compasivo, que nunca se quedó en la pura compasión. A nadie le dijo: “Pobrecito, que Dios te ayude”. Siempre ayudó a todos y pasó haciendo el bien. De la compasión, pasaba siempre a la acción.

2. Uno sólo volvió a agradecer el haber sido curado milagrosamente de su lepra. De diez, sólo uno. Somos muy ingratos los seres humanos, nos olvidamos pronto de los beneficios recibidos. La gratitud, es como una flor rara y exótica que creciera en la cima de las montañas. Nuestro corazón se olvida de los dones y bendiciones de Dios y se regodea, dándole vuelta a los acontecimientos nefastos y a las desgracias sufridas. Nos cuesta mucho dejar atrás odios y resentimientos y vamos arrastrando en nuestra vida los traumas, los rencores y los conflictos del pasado. Y todo eso enferma y daña a nuestra alma.

3. “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”. El poder de Jesucristo curó su cuerpo de la lepra, pero fue el poder de la fe y de la gratitud, la que sanó su alma. Cuando vemos las cosas con fe como Dios las ve, entonces nuestra alma se mantiene sana. Cuando adoptamos la actitud de gratitud también nuestra alma se libera y se cura. Cuando mantenemos una actitud de lamentación estéril, de queja amarga, de negativismo y pesimismo, el alma se nos amarga. Debemos aprender a ver todas las cosas buenas y maravillosas de la vida. Debemos aprender a descubrir los milagros que Dios obra en nuestra vida. Debemos aprender a darle gracias continuamente a Dios nuestro Señor. La fe y la gratitud, sanan y salvan el alma. “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”.