PRESENTAR LOS OSCAR, EL TRABAJO QUE NADIE QUIERE EN HOLLYWOOD

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Se supone que presentar la gala de los Oscar es el mejor trabajo en Hollywood, pero se ha convertido en el marrón que nadie se quiere comer. Últimamente sólo trae problemas, y además no está muy bien pagado.

El último en asumir la responsabilidad, Jimmy Kimmel, cobró 15.000 dólares, mil veces menos que los 15 millones de dólares que percibe por hacer su programa, Jimmy Kimmel Live!, y tuvo que lidiar con el esperpéntico momento del error en el anuncio de la Mejor Película del Año, en 2017.

Entre eso y un cúmulo de factores de mayor calado, encontrar a un candidato se ha convertido en el mayor quebradero de cabeza para la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.El último en decir que sí al regalo envenenado fue el comediante Kevin Hart, que duró exactamente 48 horas en el puesto. Aceptó la oferta y dos días después le obligaron a pedir perdón por unos tuits homófobos por los que ya se había disculpado. “Decidí pasar de pedir perdón”, dijo, harto de revisar la vieja polémica. La Academia se mantuvo firme en su petición y Hart les mandó a freír espárragos, dejando vacante el puesto a dos meses para los Oscar.

El cómico Kevin Hart renunció a su puesto de presentador de la gala dos días después de aceptarlo, tras la polémica con unos tuits homófobos del pasado. EUGENE GARCIAEFE
Desde que Billy Crystal dejara libre el papel principal de la gala en 2004 -en total ha presentado los Oscar en nueve ocasiones, el segundo que más lo ha hecho tras las 19 de Bob Hope-, la Academia no ha conseguido hallar un reemplazo a la altura.

Nadie se ha enfrentado a la tarea más de dos veces, ni siquiera Ellen DeGeneres, que triunfó con su selfie estelar y las pizzas que encargó para los asistentes en 2014, o el despliegue de atrevimiento y brillantez de Chris Rock en la noche de los “Oscar blancos”.

El resto, gente como Jon Stewart, Jimmy Kimmel o Hugh Jackman ni han dejado huella ni señales de querer volver a intentarlo. Una ceremonia anticuadaVarias pueden ser las causas de la espantá. La primera es tener que decir que sí en plena crisis de audiencia. El año pasado se registró un nuevo récord negativo, con un total de 26,5 millones de espectadores, un 20% menos que en 2017. La otra es el acoso y derribo de la prensa especializada y las redes sociales, capaz de destruir reputaciones por el camino.

FUENTE: ELMUNDO.MX