LO QUE NOS ENSEÑA JESUCRISTO EN EL EVANGELIO

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1-. Primera: que las tragedias y los desastres naturales no son castigos de Dios.

“¿Los que perecieron porque se les cayó la torre encima, eran más pecadores? Jesús, responde que no”. Un desastre natural no es un castigo de Dios. Dios hizo la naturaleza, con sus leyes propias: viene un terremoto, viene un huracán y destruye, pero es un fenómeno natural, no es un castigo divino.

Dios ha puesto las leyes de la naturaleza que funcionan por sí misma. Dios puede hacer milagros alterando las leyes de la naturaleza, pero normalmente las respeta.

No podemos atribuirle a Dios una responsabilidad que no tiene, así como respeta la naturaleza, respeta la libertad del hombre. Sin embargo, cada acto bueno o malo que hagamos trae sus consecuencias y Él al final de nuestra vida nos juzgará de todos nuestros actos y nos premiará o nos castigará.

2-. Segunda: todas las acciones del hombre tienen sus consecuencias.

“Y si ustedes no se convierten perecerán de la misma manera”. Un joven que se atreve a conducir alcoholizado, está en riesgo de accidentarse y de hecho, muchos accidentes mortales, son consecuencia de la embriaguez o de la borrachera.

En ese caso como en otros muchos, nosotros mismos recibimos las consecuencias de nuestros propios actos. Como se suele decir: Dios siempre perdona, el hombre perdona a veces, pero la naturaleza nunca perdona.

Incluso cuando Dios nos perdona, siempre queda la consecuencia negativa de nuestros pecados. Lo mismo pasa con los actos buenos, siempre producen la paz, la alegría, la satisfacción de nuestra alma y también esos actos buenos, pueden repercutir en la conducta y en la alegría de los demás. Un buen testimonio, un buen ejemplo, arrastra a los demás hacia el bien.

No pensemos por eso que un desastre y un accidente natural es castigo de Dios, pero si pensemos que, si nosotros no obramos el bien, no hacemos obras buenas y nos metemos en problemas, en vicios, borracheras, drogas vamos a pagar las consecuencias, esos actos tendrán sus consecuencias negativas, dañinas para nosotros y para los demás.

3-. Tercero: tenemos un tiempo muy limitado para dar buenos frutos en esta vida.

El tiempo pasa y la eternidad nos espera. El tiempo para merecer la vida eterna es muy corto, por eso debemos aprovecharlo muy bien para hacer buenas obras. El tiempo es breve, pero es la oportunidad que tenemos. Ahora es la oportunidad para hacer el bien.

Ahora es cuando hay que visitar al amigo enfermo. Ahora es cuando hay que decirles a nuestros seres queridos que los queremos mucho. Ahora es cuando hay que echarle una mano al vecino necesitado.

Que cuando se termine nuestro tiempo, no vayamos a arrepentirnos de no haber amado, de no haber producido todos frutos que tuvimos oportunidad de producir. El lapso de tiempo que tenemos no es para perderlo, para matarlo o para pasarla bien.

El tiempo es para aprovecharlo y rendir al máximo y producir frutos abundantes. Somos higueras, destinados a dar higos abundantes y ricos, y no puras hojas. Así sea.


Que Dios nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.