“SI ME AMAS APACIENTA MIS OVEJAS, APACIENTA MIS CORDEROS”

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EN LA ORDENACIÓN SACERDOTAL DE JOSÉ LUÍS, ALEXANDER Y SALOMÓN

Por: + Pedro Pablo Elizondo Cárdenas L.C. | Obispo Prelado de Cancún-Chetumal

  1. Con inmensa alegría y profunda gratitud en nuestro corazón elevamos hoy al Señor un cantico de alabanza y acción de gracias por el don del PRESBITERADO que ha querido regalar amorosamente a esta prelatura de Cancún Chetumal en la persona de nuestros hermanos, José Luis, Alexander y Salomón. Queridos hermanos ustedes van a ser revestidos con los sublimes poderes sagrados y maravillosos de perdonar los pecados y de convertir el pan en el cuerpo de Cristo y el vino en su preciosísima sangre para alimento y salvación de los hombres. De esta forma Cristo los hace suyos, los hace prolongación en el tiempo y en el espacio de su sacerdocio único y eterno. Configurados con Cristo en el sacramento procuren configurarse con Él, en la entrega diaria y en la caridad pastoral del buen pastor que da la vida por sus ovejas. Para que su sacerdocio sea verdaderamente una imagen trasparente del sacerdocio de Cristo entréguense incansablemente a servir a las almas sin reserva, sin cálculos, sin horarios, sin medida. Su sacerdocio viene del amor de Cristo que se fijó en ustedes con amor les llamo a estar con él, a  seguirle como amigos y ahora los quiero consagrar con el don precioso del sacerdocio. Su labor es el amor pastoral: esa actitud acogedora, bondadosa, paciente, cariñosa del Buen Pastor que apacienta sus ovejas, que las alimenta, que las cuida y defiende de los enemigos. Que cura a las enfermas, fortalece a las débiles y que va en búsqueda de las descarriadas y que en una palabra vive siempre al pendiente de ellas y totalmente entregado a ellas y  dando en cada momento la vida por ellas. “Si me amas apacienta”.

 

  1. Queridos hermanos, necesitamos sacerdotes misioneros que no tengan miedo a los retos enormes de nuestra compleja realidad. Misioneros con esperanza, con ilusión, con visión grande y sobrenatural. Misioneros con garra que no le saquen a un ritmo de trabajo intenso, ni a una labor pastoral dura de picar piedra y abrir brecha, que no desprecien una pastoral orgánica ni un programa pastoral exigente. Necesitamos sacerdotes misioneros que no tengan miedo a ser coherentes, radicales e ir contra corriente porque de los violentos, aguerridos y conquistadores es el Reino de Dios, no de los cómodos espectadores pasivos. Necesitamos sacerdotes misioneros incansables cuya honra y gloria sea gastarse y desgastarse en la lucha por el Reino. Necesitamos sacerdotes misioneros audaces con parresía, con celo avasallador que nada ni nadie les frene en su empeño por llegar a las periferias más difíciles, abandonadas y necesitadas. Necesitamos sacerdotes misioneros al estilo San Pablo que sientan arder en su corazón ese fuego incontenible que le quemaba y hacia gritar: ¡“nos apremia el amor de Cristo”! Y… ¡“Ay de mi si no predico el evangelio”! Necesitamos sacerdotes misioneros entregados con cristalina pureza de intención que solo busquen el Reino de Dios y su justicia y que todo lo demás les sea totalmente indiferente e insignificante. Que no duden en venderlo todo por ganar el tesoro del Reino. Que estén dispuestos a cualquier sacrificio con tal de hacer avanzar un milímetro la causa del Reino de Cristo en el mundo. En una palabra necesitamos sacerdotes misioneros enamorados de Cristo y dispuestos a dar la vida por sus ovejas. “Si me amas apacienta mis ovejas”.

 

  1. Luchen siempre por ser fieles a este amor. Su sacerdocio es un tesoro para compartir, un servicio para ofrecer y una misión para realizar. Ese tesoro que Dios pone en sus manos lo llevan en vasos de barro. Cuídelo con delicadeza y esmero. Y la mejor manera de cuidarlo es compartirlo y hacerlo rendir al cien por ciento. No se lo reserven para sí mismos, porque nada en la naturaleza vive para sí mismo. Los ríos no beben su propia agua, los árboles no comen su propia fruta, el sol no brilla para sí mismo y las flores no exhalan su fragancia para sí mismas. Vivir para los demás es una regla de la naturaleza. Vivir para los demás es la regla y la esencia del sacerdocio. Es la regla del amor. Es la regla del Buen Pastor que lo da todo por sus ovejas. Así sea.

 

+ Pedro Pablo Elizondo Cárdenas L.C.

Obispo Prelado de Cancún-Chetumal