MENSAJE DOMINICAL EN LA CLAUSURA DEL AÑO DE MARIA, MADRE DEL SACERDOTE.

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1. “PROCLAMA MI ALMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR Y SE ALEGRA
MI ESPÍRITU EN DIOS MI SALVADOR”

Queridos hermanos y hermanas, con gran alegría y júbilo nos hemos congregado aquí
desde todos los puntos y comunidades de Quintana Roo, para dar gracias a Dios Padre rico
en misericordia y a nuestra Madre Santísima del cielo, por tantas gracias y bendiciones
que ha derramado sobre nuestra querida Prelatura de Cancún-Chetumal; en este año de
María, Madre del Sacerdote.

Queridos hermanos, estamos en el camino hacia el Gran Jubileo de Oro de los cincuenta años de nuestra Prelatura, año de gracia del Señor. Por eso nuestra alma se llena de júbilo y nuestro corazón se ensancha agradecido, para recibir todas las gracias y bendiciones, que el Señor nos tiene preparadas en éste gran año jubilar.

“Proclama mi alma la grandeza del señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”.
Hemos venido a darle gracias al Señor de manera especial, por el gran don de los
sacerdotes y seminaristas que ha llamado a servir a ésta Prelatura; no solo nacidos en esta
tierra, sino venidos de otras partes de México y de otras naciones del mundo.

A lo largo de estos casi cincuenta años, hemos admirado el testimonio de santos sacerdotes dedicados enteramente a su labor pastoral; que han trabajado incansablemente en la construcción de ésta iglesia particular: formando comunidades, construyendo nuevas iglesias y desgastando alegre y generosamente su vida, en el servicio pastoral, de la predicación y de la administración de los sacramentos.

Recordamos con especial cariño a todos aquellos que ya cumplieron con su misión y ya
han sido llamados a la Casa del Padre. Con mucho cariño hacemos memoria de los
queridos padres Adalberto Valenzuela, Bernardino Moreno Poot, Jonh Kody, Javier
Orozco Camarena, Juan Amezcua Gálvez, Raymond Comisky, Eugenio Blanco, Eduardo
Lucatero, Miguel Parra, Félix Santos Cruz; para quien les pido un gran aplauso de gratitud
y cariño.

Agradezco de todo corazón, a todos los sacerdotes que se encuentran ya en retiro; por
el gran testimonio de celo pastoral y amor a Dios, que les ha llevado a gastar y desgastar
su vida entera, en el servicio alegre y perseverante a las almas de ésta prelatura.
Demos gracias a Dios y a la Santísima Virgen María por todos los sacerdotes, que en la
plenitud de la vida, están dando lo mejor de sí mismos como misioneros incansables; que
trabajan sin parar, en el pastoreo de sus ovejas.

Dios nos ha bendecido abundantemente con numerosas vocaciones de seminaristas
para el Seminario Menor y para el Seminario Mayor. Y una de las bendiciones más
grandes que Dios ha regalado a ésta Prelatura, es la participación responsable y generosa,
de los fieles laicos en la misión de la Iglesia. Han comprendido: que evangelizar es la
esencia y la razón de ser de la Iglesia, y que evangelizar es una misión que nos toca a
todos. Han escuchado la voz del Señor que les dice: “vayan ustedes también a trabajar en
mi viña”.

Y organizados e incorporados en diferentes movimientos y apostolados laicales
y en las Parroquias, están trabajando afanosamente y sirviendo generosamente, en esta
parcela, de la viña del Señor.

Gracias a Dios Padre, gracias a Jesucristo el Señor, gracias a nuestra Madre Santísima
y gracias también a todos ustedes, sacerdotes, consagradas y fieles laicos, por su SÍ
generoso a la llamada del Señor.

“Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha hecho en mi cosas grandes, el que todo lo puede”. Saludo con especial cariño y reconocimiento a los apostolados y movimientos marianos aquí presentes como: la Legión de María, la Llama de Amor, la Virgen Peregrina, la Desatadora de Nudos, a los que invito al final de la homilía a renovar su compromiso misionero y para los que pido un cariñoso aplauso.

2. “DE DONDE A MI QUE LA MADRE DE MI SEÑOR VENGA A
VISITARME”.

En el Evangelio que acabamos de escuchar, María se pone en camino presurosa, para
ir a visitar a su prima Santa Isabel. Una visita no de cortesía ni de protocolo, sino de puro
amor y servicio desinteresado, una visita para ayudarla, asistirla en sus necesidades más
ordinarias, por el embarazo avanzado de su hijo Juan. Una visita que atrae la presencia
gozosa del Espíritu Santo a todos los que están en la casa. Una visita que hace saltar de
gozo a la criatura que todavía está en el seno de su madre.

A María le encanta visitar a las personas necesitadas para asistirlos y acompañarlos en
sus apuros y tribulaciones. María visitó a los nuevos esposos en las bodas de Caná y se dio
cuenta de su apuro y necesidad, y logró adelantar la hora de Jesús, para hacer el milagro de transformar el agua en vino. Visitó varias veces a Jesús en su vida pública, porque seguía siendo la madre amorosa, que estaba siempre al pendiente de su Hijo Jesús. Visitó a Jesús en el calvario y estuvo junto a él, al pie de la cruz, en el momento cumbre de su
inmolación y entrega, compadeciendo con Él. Y visitó también a los discípulos en el
Cenáculo, perseverando en oración con ellos, hasta la venida del Espíritu Santo.

A María le encanta visitar a los atribulados, a los necesitados, a los tristes para
consolarlos, acompañarlos, auxiliarlos y conseguirles el milagro que necesitan. María
también visitó a México, en el momento más delicado de su historia, se apareció al Indio
San Juan Diego, en el cerrito del Tepeyac, confiando en ser acogida como madre amorosa
y bendita: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?, ¿No estás en el cruce de mis brazos?,
que no te inquiete ni te asuste cosa alguna”.

María nos visitó y quiso quedarse con nosotros, estampando su imagen en el Ayate de San Juan Diego. Desde ahí quiere siempre acompañarnos, cuidarnos e interceder por nosotros como buena madre.

La mirada de la Virgen de Guadalupe, fue muy significativa para los indígenas aztecas; pues aunque está con sus manos juntas en oración, no está mirando al cielo, sino mirando a un lado y hacia abajo; eso quería decir para los aztecas que está mirando a sus hijos, muy al pendiente de ellos, cuidándolos en sus enfermedades y tribulaciones y acompañándolos con ternura maternal.

También ha querido visitar a nuestra Prelatura de Cancún-Chetumal, al ser encontrada
su imagen en el mar, esculpida en piedra conchuela marina, con una hermosura y primor
especial. En éste año de María Madre del Sacerdote, la imagen de Guadalupe, copia del
original y bendecida en la Basílica de Guadalupe de México, ha ido visitando todas las
comunidades, Parroquias y Decanatos. Con desbordante fervor, el pueblo de Dios la ha
recibido, le ha cantado llamándole bienaventurada y le ha acompañado en su camino de
peregrinación por los pueblos de Quintana Roo. Y todavía quiere seguir peregrinando de
comunidad en comunidad y de casa en casa, porque le encanta visitar nuestros hogares y
entrar en nuestras casas y en nuestros corazones. Acojamos con amor y cariño la visita de
nuestra Madre Santísima, abramos las puertas de nuestros hogares, abramos las puertas de nuestro corazón, dejemos que nos mire con ternura, dejemos que nos cuide con solicitud, dejemos que nos acompañe con cariño de madre, dejemos que nos ame como ella sabe amar, dejemos que nos muestre todo el amor de su Hijo Jesús, dejemos que nos manifieste todo el poder del amor misericordioso de su Hijo Jesucristo.

Ya que es tan buena madre, seamos buenos hijos y dejémonos educar y modelar por
sus manos benditas, para que pueda modelar nuestro corazón según el corazón de su Hijo
manso, humilde, bondadoso, misericordioso y amoroso. Dejemos que nos enseñe a ser
buenos padres y madres que cuidan a sus hijos. Que nos enseñe a estar siempre al
pendiente de nuestros hijos para no dejarnos solos y abandonados a merced de éste mundo tan violento, tan erotizado, tan consumista y tan embriagado por la soberbia, la codicia y la lujuria.

Cuando Jesús, María y José visitaron Jerusalén, Jesús se perdió y ellos lo buscaron
afanosamente durante tres días. Al encontrarlo María le dijo: “Hijo, mira que tu Padre y yo
andábamos angustiados, buscándote”. Angustiados buscando a su Hijo; así deben andar
los padres buscando hoy día a sus hijos, para salvarlos de las garras de Satanás, del mundo y de las pasiones desordenadas.

Angustiados buscando para saber dónde andan, con quien andan, que hacen, que amistades frecuentan, qué influencias reciben. Renunciar a esta angustia y a esta preocupación por los hijos, es desertar y traicionar su misión de ser los primeros educadores de sus hijos y abandonarlos en las garras del Dragón Rojo que quiere devorarlos.

Eduquen a sus hijos y conságrenselos a la Virgen, para que ella los defienda de
las acechanzas del Dragón.

3. “YO POR ELLOS ME CONSAGRO, PARA QUE TAMBIÉN ELLOS
SEAN CONSAGRADOS EN LA VERDAD” (Jn 17, 23)

Queridos hermanos, queremos hoy unirnos a la consagración que Jesucristo hace de sí
mismo consagrándonos nosotros a él, a través de su Madre Santísima. Si ella nos visitó a
nosotros, nosotros también hemos venido a visitarla a ella aquí en éste lugar tan
significativo, hoy en esta fecha tan hermosa en esta Clausura del Año Mariano.

Y unamanera muy hermosa de expresarle todo nuestro cariño y gratitud de hijos fieles, es
nuestra consagración a ella. Venimos a visitarla y a consagrarnos a ella.El Papa San Juan Pablo II, fué el gran consagrado a la Virgen toda su vida. Y por medio de ella se pudo consagrar e identificar y configurar con Jesucristo Nuestro Señor.

Cuando perdió a su madre a los nueve años, su padre le llevó al Santuario de Calvaria y
ante una imagen muy tierna y antigua de María con el niño, se consagró a ella, le dijo:
“María yo ya no tengo mamá, quieres ser tu mi mamá? y ella le dijo: “Yo quiero ser tu
mamá y quieres ser tu mi hijo?.

Y ese amor de Madre a hijo y de hijo a madre, marcó en la
santidad más auténtica toda su vida y misión de Supremo Pastor de la Iglesia Católica.
Venimos hoy, de todas partes del Estado de Quintana Roo, a consagrarnos a nuestra
Madre del cielo. ¿Quieren ustedes consagrarse a María?, ¿quieren que ella sea su Madre
amorosa y bendita? ¿Quieren ser sus hijos fieles y amorosos?.

Si quieren consagrarse a María, recuerden que la consagración es la aceptación cordial de su maternidad espiritual; es la confianza plena en su materna protección; es el amor puro, entrega y abandono en sus brazos maternales, es docilidad plena a su misión de modelar en nosotros un corazón Semejante al corazón manso y humilde de su hijo Jesús, es dejar que nos tome de la mano y nos conduzca a Jesús, es dejarla que coloque a Jesús en el centro de nuestra vida y en el centro de nuestro corazón, es dejarnos cubrir por su manto maternal, para que el maligno espíritu, no haga presa en nuestras almas, es sentirnos propiedad suya, para que ella disponga de nosotros en el servicio a la Iglesia, es ponernos en sus manos benditas y orantes para que nos alcance todas las gracias que necesitamos para ser santos y aguerridos y fieles hijos suyos; trabajadores incansables del Reino de su Hijo Jesucristo.

Recibe Madre Santísima, ésta consagración que hacemos a ti de todo corazón, abraza
a tus sacerdotes y cúbrenos con tu manto, defiéndenos de las acechanzas del Dragón,
llévanos a tu Hijo Jesús y alcánzanos con tu intercesión todas las gracias que necesitamos,
para ser trabajadores incansables del Reino de Cristo y para ser fieles y esforzados
misioneros del amor de Dios en la Iglesia y en el mundo, Así sea.