MISERICORDIA ES EL NOMBRE DE DIOS

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  1. Y la manifestación más clara de su omnipotencia es la misericordia. Porque su misericordia es eterna, nunca se cansa de perdonarnos. La parábola del hijo pródigo, es la historia que mejor refleja la misericordia de Dios. Cuando el muchacho vuelve a su casa, después de haber malgastado la Hacienda de su padre, éste podría muy bien haberle dicho, ya tocaste fondo, ya te disté cuenta de tu equivocación y de tu error, pues ahora vete a trabajar como cualquier obrero, para que aprendas a hacer responsable y sepas cuánto cuesta ganarse los centavos.

 

  1. Pero no le dijo eso que cualquier padre bueno, podría decirle a su hijo en esta situación. El padre de la parábola, que es reflejo de Dios Padre, salió al encuentro de su hijo en cuanto lo vio de lejos que se acercaba a la casa, lo abrazo, lo cubrió de besos, mandó ponerle una túnica nueva, el anillo y las sandalias y mandó preparar una gran fiesta, porque había encontrado al hijo perdido. En vez de regañarlo, lo reconstruye como persona y como hijo suyo. Por medio de la túnica, le devuelve toda su dignidad de persona, por medio del anillo, le devuelve todos sus derechos de hijo, y por medios de las sandalias, le devuelve su filiación. El amor de ese gran padre, reconstruye y re engendra a su hijo de nuevo. El amor misericordioso de Dios, es salvador y creador. El amor misericordioso de Dios no sólo perdona, sino que reconstruye y recrea a sus hijos.

 

  1. “Sean misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso”. Estamos llamados a dejarnos envolver por la misericordia de Dios, que siempre nos espera con los brazos abiertos para perdonarnos y reconstruirnos, desde lo más profundo de nuestro ser. Pero también estamos llamados a reflejar esa misericordia entre nuestros hermanos; sabiendo disculparles, perdonarles, sobrellevando sus cargas, siendo afables, bondadosos, comprensivos y alegres en nuestro trato con ellos. Cuando un hermano anda medio perdido o extraviado en el camino de su vida, entonces es el momento y la ocasión privilegiada para salirle al encuentro y buscar su vuelta a la casa del Padre. Así sea.