MUJERES

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Cropped shot of a group of friends with their hands piled on top of each other

Estamos rodeados de mujeres extraordinarias que son pilares de nuestras vidas y familias, que sostienen estructuras fundamentales de nuestras comunidades y nuestro país. Pensar en un día sin ellas nos recuerda que, mientras sigan en riesgo, viviremos incompletos.

Sólo en ellas pueden habitar dos almas en un mismo cuerpo. El problema es que a veces olvidamos esta dimensión extraordinaria y, con ella, el valor de la propia vida humana.

México, país de grandes contradicciones, en los hechos, lo mismo se las elogia al grado de una cuasi veneración; que se les margina, desprecia y niegan los espacios a los que genuinamente tienen derecho y que en los textos legales y discursos se les iguala.

Nuestro país, rico en tradiciones, historias únicas y un vasto conjunto de leyes que paso a paso han ido conformando un Estado de Derecho amplio e incluyente; es ahora también escenario de atrocidades igualmente singulares que, si bien han impactado a la totalidad de sus ciudadanos, han tenido particular repercusión entre grupos vulnerables, jóvenes y las mujeres. ¿En qué momento dejamos de honrar y valorar el Estado de Derecho ?, ¿en qué instante perdimos el sentido humano de nuestra dignidad y la de los demás?

En tratándose de las mujeres, al espíritu feminista lo mismo se le asocia con lo mejor que con lo peor. Sin embargo, se equivocan quienes creen que las mujeres son débiles, cuando su fortaleza interna y resiliencia son el verdadero soporte de muchas de nuestras familias. Se equivocan quienes menosprecian el poder femenino, pues ellas son capaces de hacer cualquier tarea que se propongan. Se equivocan quienes quieren desviar la atención e intención de esta causa porque su soberbia o arrogancia no soporta ser opacada por la luz de ellas.

El realizar tareas que por diversas razones han venido, tradicionalmente, haciendo los hombres, de ningún modo significa que, por ese solo hecho, serán hechas sin el mismo grado de habilidad, pericia o experticia, como tampoco les hace menos femeninas por ello. Un país que no otorga el justo valor que tienen sus mujeres en todos los ámbitos está condenado al fracaso. Defender el derecho de las mujeres de manera total nos debe de generar una mejor sociedad.

Se insiste, estamos rodeados de mujeres extraordinarias, madres, abuelas, hermanas, amigas que, mientras sigan en riesgo, viviremos incompletos; es sentir el vacío que provocamos por no ver, no escuchar y no sentir su reclamo legítimo. Por eso, debe ser prioridad poner a las mujeres en un plano de igualdad, pero no sólo en el discurso sino en toda nuestra realidad.

En este sentido, corresponde a todos los actores sociales, unir sus voces a las de ellas para dejar claro que ellas merecen ser tratadas con respeto, con dignidad y con igualdad. Tienen todo el derecho a vivir sin impunidad y con paz.

Su batalla no es nueva, sin embargo, llegó la hora de poner en el mismo plano a las mujeres y hacer a un lado a quienes se empeñan en dejarlas en un segundo lugar.