“NO NOS DEJÓ SOLOS”

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1. Cuando Jesús sube al cielo, no nos deja solos, nos envía a su Espíritu Santo. En este día
de Pentecostés celebramos este acontecimiento prodigioso. Los apóstoles están
reunidos en el cenáculo, juntamente con María, en oración perseverante y de repente
un fuerte viento llenó la casa donde estaban, unas lenguas de fuego se posaron sobre la
cabeza de cada uno de ellos y quedaron llenos del Espíritu Santo. Y entonces se les quitó
la tristeza, el miedo y salieron a predicar hasta el último rincón del mundo.

2. El don del Espíritu Santo, nos asegura la presencia de Dios, no estamos solos, tenemos su Espíritu. Él nos llena de sabiduría, de ciencia, de entendimiento, de fortaleza, de
entusiasmo, de alegría de Dios nuestro Señor. A nosotros nos toca hacer fructificar esos
dones. Dejándonos guiar por el Espíritu Santo. Es un don maravilloso que nos
compromete. Ilumina nuestra mente para que conozcamos la Palabra de Dios. Fortalece
nuestra voluntad para que podamos cumplir esa Palabra. Y enciende nuestro corazón
para que transmitamos esa Palabra de Dios. El que ama hará caso al Espíritu Santo, el
que no ama no hará caso al Espíritu Santo.

3. Tenemos que hacerle caso y dejarnos guiar. Los que se dejan guiar por el Espíritu Santo
son los verdaderos hijos de Dios. Cuando le hacemos caso, cuando nos dejamos guiar,
cuando seguimos sus inspiraciones, entonces producimos frutos maravillosos, tenemos
la paz en nuestro corazón, tenemos la alegría, tenemos esa felicidad y ese amor, que
solamente pueden venir de Dios Nuestro Señor, hagámosle caso para producir los frutos
que estamos llamados a producir.

La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y
permanezca para siempre