“NO SEAS INCRÉDULO SINO CREYENTE”

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1-.Cristo ha resucitado, ¡aleluya aleluya!.

¿Qué es lo primero que nos trae Jesús resucitado? La Paz, ¡La paz esté con ustedes!,
¡la paz esté con ustedes!, ¡la paz esté con ustedes!. Es una triple paz, porque perdona
nuestros pecados, lavando con su sangre nuestras culpas, porque nos demostró el amor
tan grande que nos tienes, y porque nos ha demostrado que hay otra vida. Es la paz de
saber que Dios nos ama, que Dios nos purifica y que Dios nos llevará un día al cielo.
Con la paz todas las angustias desaparecen: ya no hay angustia por la muerte, ya no
hay angustia por el pecado, ya no hay angustia por el desamor.

2-.Al ver al Señor se llenaron de alegría.

Se llenaron de una alegría que disipó toda tristeza. Estaban totalmente descorazonados
y desanimados por la cruel y sangrienta muerte que había sufrido su maestro. Pero al
ver de nuevo a su maestro, su tristeza se cambió en alegría. La resurrección de Cristo
nos trae una alegría muy especial. No nos dá la alegría como la dá el mundo. Es otra
alegría mucho más plena, que el mundo no nos puede dar pero tampoco nos puede
quitar.

3-. No seas incrédulo, sino creyente.

Para recibir la paz y la alegría de la resurrección, necesitamos ver al Señor con los
ojos de fe. Cuando se presentó Jesús de nuevo a sus discípulos, le dijo a Tomás: ven y
mete tu dedo en mis llagas y tu mano en mi costado y no seas incrédulo, sino creyente.
Entonces Tomás exclamó: ¡Señor mío y Dios mío! y Jesús le dijo: dichosos los que
sin ver creen. La dicha de la fe es un don, que hay que cuidar y que hay que cultivar.
La fe crece practicándose, la fe se multiplica, dándola. La fe se pierde alejándose del
maestro y de la Iglesia.

4-. En este domingo de la misericordia, Cristo nos espera con los brazos abiertos, para
derramar toda su misericordia sobre nuestro corazón.

Acudamos a él con un corazón contrito y humillado, para que él tenga misericordia de nosotros y nos enseñe a ser misericordiosos. Escuchemos una vez más la voz del Señor que nos dice: sean misericordiosos como su Padre es misericordioso.

Que el Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.