¿NUESTRO CUERPO SE ENAMORA?

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Queridos lectores y lectoras, pregunto a ustedes: ¿Nuestro cuerpo puede “enamorarse”? En caso de ser así, ¿cuál de sus partes es la que se enamora? ¿Cuándo se enamora? ¿Por qué sentimos tanta felicidad cuando nos enamoramos?

Me podría pasar casi toda la columna cuestionando y reflexionando al respecto. No sé para ustedes, pero para mí el amor es todo un misterio.

Para comenzar, me remonto a la Grecia antigua. Siempre he pensado que quienes, desde tiempos inmemorables, saben de amor son precisamente los griegos. Según su mitología, Eros, Dios del amor, era primordial.

Los griegos clasificaban al amor en varias categorías: íntimo o carnal; de pareja; de familia; fraternal, etc.

Por ahora, únicamente me enfoco en el amor de pareja. La parte de nuestro cuerpo que ahí se involucra es, definitivamente, nuestro cerebro. Se activan regiones relacionadas con la recompensa y, por supuesto, con la motivación e hipotálamo.

Es por eso que cuando nos enamoramos sentimos que todo es maravilloso y vemos a la persona en cuestión guapísima; la idealizamos, debido a que nuestro cerebro desactiva la amígdala y la parte de nuestra racionalidad. En el enamoramiento se da, precisamente, el proceso de idealización de la persona amada.

Al mismo tiempo, se produce oxitocina y vasopresina, que a su vez estimula la liberación de dopamina. El resultado de todo ello, es un estado de placer; es como una droga, pues se siente que hay dependencia. Por ello, cuando estamos enamorados sentimos felicidad y cuando nos enojamos con el ser amado o rompemos con él sentimos que el mundo se nos viene encima.

Este proceso de enamoramiento, según varios autores, dura aproximadamente tres meses. Algunos de ellos sostienen que si dura por más tiempo entonces ya es “amor”.

Todo esto para llegar al punto que; cuando pensamos en un producto o servicio, tenemos sensaciones muy parecidas a las que el cerebro siente al enamorarse. Por eso las compras pueden ser tan adictivas, tanto como la adicción y apego a una persona.

En conclusión, el amor involucra un cúmulo de estímulos y reacciones cerebrales. Por tanto, podemos asegurar que nuestro cuerpo se enamora a través del cerebro. Ahora que lo sabes, la próxima vez que escuches que el amor radica en el corazón, seguramente responderás que más bien está en el cerebro y entonces queda resulta la incógnita; la parte de nuestro cuerpo que se enamora es nuestra cabeza no así nuestro corazón.

¡Quiérete! ¡Apapáchate!