POR LOS PASILLOS DEL PODER

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Comienzo a escribir esta columna el 27 de febrero del 2020 cuando en el mundo, ahora sí, ya se desató en serio la epidemia del nuevo coronavirus o COVID-19. Justo el día en que estalló la polémica por la decisión de permitir la llegada de un crucero a Cozumel que había sido rechazado en Jamaica y en las islas Gran Caimán porque uno de los tripulantes presentaba una enfermedad respiratoria que después se dijo era influenza tipo a y no coronavirus. (De hecho, una pasajera de 13 años de origen francés, también presentó el mismo cuadro) Fue justo el día en que durante su conferencia mañanera el presidente dijo que no se debía impedir la llegada de personas, aunque estuvieran infectadas pues sería “inhumano” actuar de otra forma. Calculo que para cuando usted lea esta columna muy probablemente la cifra de muertos habrá llegado a 3,000 a nivel mundial y los infectados habrán rebasado los 100,000 en decenas de países. Me pregunto si para este entonces México ya tendrá sus primeros casos confirmados.

Febrero 28. Esta mañana, más pronto de lo que pensábamos, nos enteramos que efectivamente ya hay pacientes con el COVID-19 en nuestro país. Era bola cantada. No había manera de evitarlo en un mundo globalizado. Lo importante es qué vamos a hacer ahora. Muy lejana parece la experiencia del 2009 cuando el virus de la influenza tipo A H1N1 causó gran alarma a nivel mundial y dejó más de 200 mil muertos hasta el 2010 cuando se dio por terminada la emergencia. En esa ocasión el primer paciente se presentó el 17 de marzo en Veracruz y a nivel nacional se contabilizó un total de 1,172 fallecimientos. El efecto en la economía fue desastroso. tan sólo en el caso de los cines, por ejemplo, las pérdidas globales en México fueron de alrededor de 268 millones de pesos entre abril y mayo de ese año. Y en el caso de los restaurantes, el gobierno tuvo que brindar un apoyo de 50 pesos diarios a los meseros para que pudieron sobrevivir ese periodo. Las escuelas estuvieron cerradas en todo el país del 23 de abril al 11 de mayo. Las compañías aéreas reportaron un descenso de hasta el 25 por ciento en sus operaciones. Y por supuesto, el sector turístico fue uno de los más afectados. Aún tengo fresca la memoria de lo que pasó en Quintana Roo, a donde acababa yo de llegar para quedarme apenas un mes antes. Recuerdo la zona hotelera de Cancún convertida en un desierto. Las playas vacías, lo mismo que centros comerciales y restaurantes. La gente todo el tiempo con cubrebocas (aunque hoy sabemos que lo más recomendable es que estas mascarillas las usen las personas enfermas y no quienes están sanos) y en general un panorama por demás sombrío en este destino turístico ante la incertidumbre de cuánto iba a durar la pandemia. Las reservaciones de hotel en Cancún se cayeron hasta un 70 por ciento en el periodo más álgido. Pero quiso la diosa fortuna en aquella ocasión, que la epidemia no llegara al Caribe Mexicano. Hay quienes dicen que fue por el clima caluroso que caracteriza a la región, pero cómo explicar entonces que en Veracruz y otros estados de la república, donde también hace calorcito, sí ha habido casos de A H1N1. De cualquier manera, había que gritar a los cuatro vientos que Cancún y el resto de Quintana Roo estuvieron siempre libres de esa enfermedad, al grado que los hoteleros ofrecieron hasta 3 años de vacaciones gratis a turistas que demostraran que se habían infectado durante su estancia en este destino. De manera similar, los primeros pasajeros que llegaron en crucero a Cozumel después de aquella crisis obtuvieron una semana de estancia gratis en la isla, cortesía de los hoteleros locales. El gobierno de Felipe Calderón (a quien no faltará quien culpe del nuevo coronavirus) reaccionó con una serie de medidas de apoyo económico sin precedentes y además decretó la aplicación gratuita de vacunas contra la influenza a nivel nacional. Estimaciones del Banco de México señalan que la epidemia del A H1N1 provocó pérdidas de hasta 40 mil millones de pesos para nuestro país. Pero al igual que en el caso de huracanes como Gilberto en 1988 y Wilma en el 2005, Cancún y Quintana Roo pudieron levantarse de la lona. Gradualmente las ocupaciones regresaron a la normalidad para julio del 2009 y como todos sabemos vendrían después algunos años de gran bonanza en el sector turístico. ¿Qué tanto nos pegará esta nueva crisis de salud a nivel mundial? Algunos expertos en enfermedades respiratorias a nivel local como el Dr. Ítalo Sampablo, aseguran que el COVID-19 desaparecerá tan pronto como surgió en cuanto comience la época de calor. Señala también que esta nueva enfermedad no es tan letal como la influenza y que existen grandes posibilidades de que en breve surja una vacuna efectiva. Todo ello, aunado a la experiencia del 2009, podría traducirse en un panorama menos sombrío al final de esta epidemia no solo para Quintana Roo y el resto de México sino para el mundo entero.

Recuerde que además de esta columna los espero de lunes a viernes a las 3:30 pm en Hechos Meridiano Quintana Roo de TV Azteca y a las 19:00 en Informativo Turquesa Tercera Emisión. Mientras tanto cuídese mucho pásela bien y como siempre le mando un fuerte abrazo donde quiera que esté.

José Martín Sámano Titular de Noticias Azteca Q Roo y Conductor de la 3ra emisión de Informativo Turquesa.

@jmartinsamano