“PORQUE ÉL TIENE QUE REINAR”

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Por: + Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C. |Obispo Prelado de Cancún-Chetumal | @PedroPablObispo | FB/PedroPablObispo

  1. “Venga a nosotros tu Reino”. Ese es el anhelo más grande de nuestro corazón que hacemos súplica en el Padre nuestro como nos enseñó a rezar el Señor Jesús. Que venga a nosotros tu reino, que Dios reine en nuestro corazón, en nuestro hogar y en nuestra patria. Anhelamos un reino nuevo que venza al reino de las tinieblas, de la mentira, de la corrupción, de la violencia, de la injusticia, de la inseguridad y del pecado. Anhelamos el reino de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz. Para eso vino Cristo al mundo, para anunciar y establecer su reino y eso fue lo primero que les pidió a sus discípulos: “Vayan y anuncien que el reino ya está cerca”.

 

  1. Cristo nos invita a colaborar en la construcción de su reino. Un reino que consiste en conocer más profundamente las riquezas insondables del corazón de Cristo; en esperar cada vez con mayor fuerza los bienes eternos; en corresponder cada vez más ardientemente al amor de Dios, en una palabra, en el amor sincero que da de comer al hambriento, que da de beber al sediento, que visita al enfermo, al encarcelado y al triste. Este es el gran mandamiento de Cristo: amarnos como Él nos amó. Cumpliendo su mandamiento reina sobre nosotros.

 

  1. Pero si nosotros no queremos hacerle caso a sus mandamientos, Él de todos modos tiene que reinar y al final de los tiempos vendrá rodeado de su gloria, acompañado de sus ángeles y se sentará en su trono de gloria. Y entonces reinará juzgando a todas las naciones, apartando a los cabritos de las ovejas, premiando a unos y condenando a otros: “Vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde antes de la creación del mundo”. Y a los de la izquierda les dirá: “Apártense de mí malditos, vayan al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”. Al final de los tiempos, después de haber aniquilado a todos sus enemigos y habiendo vencido a todos los poderes del mal principados, potestades, dominaciones y hasta la misma muerte, Cristo entregará el reino a su Padre porque Él tiene que reinar. Y al final cuando todo se haya sometido, Cristo mismo se someterá al Padre, y así Dios lo será todo en todos.

 

  1. Queridos hermanos: ahora tenemos la gran oportunidad de hacerlo reinar en nuestros corazones por el cumplimiento del mandato del amor, no esperemos al final de los tiempos para hacerlo reinar sobre nosotros por el juicio de condena o de salvación que Él dictará sobre cada uno de nosotros. Al final de nuestra vida, lo único que cuenta es lo que hayamos hecho por Cristo y por nuestros hermanos. Al final de la vida el Rey sobre lo único que nos examinará y nos juzgará, será sobre el amor que hemos practicado con nuestros hermanos más necesitados. Así sea.