PROGRESO Y DESIGUALDAD

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Como se ha evidenciado en Bolivia y en Chile, para lograr el progreso en un país no basta con reducir la pobreza; la desigualdad es un factor crucial para generar conflictos.

En Bolivia la extrema pobreza bajó de representar 38% en el 2005 a 15% en el 2018. Plausible; pero la desigualdad ha aumentado; sólo en el 2018 se agravó en 12% ciento. En Chile, la pobreza bajó de representar 30% de la población que se tenía hace 30 años a 10% ahora.

El problema, en la situación actual, es que la población de esos países, consideran a la desigualdad como algo insostenible al no resolverse sus demás demandas y satisfactores.

Los gobiernos de Bolivia y de Chile al igual que muchos de América Latina han visto en la reducción de la pobreza el argumento para legitimarse, marginando lo demás. Y lo demás es trabajo, educación, salud y seguridad social, salarios con capacidad de compra, vivienda, cultura, recreación, igualdad de oportunidades.

El fenómeno de la desigualdad no es privativo de algún país, es mundial. En las economías industriales ha aumentado sustancialmente desde mediados de los años 70. En los países en desarrollo, el continente africano y América Latina son los más desiguales del mundo. Europa es la zona menos desigual del mundo. Obedece a que políticamente se dio la gestión de los gobiernos por un Estado social.

En las campañas políticas sólo se aborda marginalmente. Ya en el gobierno se aportan soluciones parciales para superar la pobreza mediante subsidios y ayudas sociales. México se ha distinguido por ser pionero de estos apoyos.

Para reducir la desigualdad, la mano invisible del mercado no es suficiente. Hay que orientarla. El exceso de contaminación, el desempleo y la inseguridad son creaciones del mercado. Es necesaria la mano visible del Estado con decisiones políticas que resulten del consenso social.

Otro ejemplo claro se da en Estados Unidos. Donald Trump llegó a la Presidencia con un discurso nacionalista y convenció a muchos. Pero la desigualdad subió. El índice de desigualdad entre hogares estadounidenses en el 2018 llegó a su máximo histórico desde que empezaran los registros hace más de medio siglo.

Ahora, ante la perspectiva de las elecciones del 2020 ha surgido una precandidata del Partido Demócrata, Elizabeth Warren, que plantea una reforma ambiciosa de un sistema público y universal de salud, financiado con mayores impuestos a los ricos y cero incrementos a las clases bajas y medias. Esta precandidata pone nervioso al poder económico de Estados Unidos. Por ello ya están surgiendo alternativas de posiciones políticas de centro.

En un amplio estudio realizado por la OCDE se insta a reducir la desigualdad para tener mayor crecimiento económico. Para esta organización, la evolución de 40% de menos ingreso es determinante.

La desigualdad genera pobreza y éstas violencia e inseguridad. Para su combate es fundamental la discusión política amplia, comprehensiva e incluyente. En nuestro país no lo estamos haciendo y el Ejecutivo es quien menos contribuye a ello.