“TÚ ERES MI HIJO AMADO”

0
22

1-. El bautismo de Juan. “Yo bautizo con agua pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarles las correas de sus sandalias: Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”. El bautismo de Juan es un anuncio del bautismo de Jesús, es un símbolo que preanuncia el verdadero bautismo que Jesús instituirá”. El bautismo de Juan es bautismo del siervo. El bautismo de Jesús es bautismo del Señor. El bautismo de Juan es en pura agua. El bautismo de Jesús es en el agua y en el Espíritu Santo. El bautismo de Juan es de penitencia. El bautismo de Cristo es la remisión de los pecados. Con el bautismo de Juan los hombres se arrepienten, piden perdón y anhelan la conversión. Con el bautismo de Cristo son borrados todos los pecados y quedan limpios de toda mancha del pecado original. El bautismo de Juan es un deseo de cambio. El bautismo de Cristo nos cambia desde el fondo del corazón.

2-. El bautismo de Jesús. Con el bautismo de Jesús no solo quedamos lavados y limpios de la mancha del pecado original, sino que además nace en nosotros el hombre nuevo, “lo que nace de la carne es carne y lo que nace del Espíritu es Espíritu”. Un nuevo ser aparece en nosotros. Al ser bautizados en Cristo renacemos como hombres nuevos. Ya no somos creaturas o siervos de Dios sino que somos hijos de Dios. “Se escuchó una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo, el predilecto; en Ti me complazco”. Cristo es Hijo de Dios por naturaleza. Nosotros somos hijos de Dios por adopción, somos hijo en el Hijo.

3-. Nuestro bautismo. En el bautismo de Cristo contemplamos nuestro propio bautismo. Así como Cristo escuchó la voz en el cielo, también nosotros la escuchamos que nos dice: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto en quien me complazco”. “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo, para que nos hiciera hijos predilectos en Él”. Nosotros conocemos el amor de Dios Padre y hemos creído en Él. Al ser bautizados el Padre ve en cada uno de nosotros, el rostro de su Hijo y no solo nos hace hijos adoptivos, sino también hijos participes de su naturaleza divina. Nuestro bautismo no es solo un lavado o purificación profunda, sino también una divinización. En el bautismo tomamos los rasgos del Hijo de Dios. Se nos infunde una nueva sustancia, una nueva luz, una nueva energía que llamamos gracia y que nos hace hijos en el Hijo. Cuando los primeros cristianos eran bautizados por inmersión, sumergidos de cuerpo entero en el agua, salían como hombres nuevos y los vestían de blanco, y tan en serio se tomaban esa nueva vida que consideraban que ya no podían volver a pecar porque ya eran cristianos, creaturas nuevas. Si tomamos enserio el bautismo correspondemos a la semilla de Dios que hay en nosotros y la haremos crecer, florecer y dar abundantes frutos de santidad y de apostolado.

4-. Oración. Señor Jesús, que quisiste ser bautizado en el Jordán para santificar nuestro bautismo y renovar por Él al hombre caído, te suplicamos que nos ayudes a cumplir fielmente las promesas del bautismo y ser valientes testigos de la fe. Amén.