“VETE EN PAZ Y YA NO VUELVAS A PECAR”

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1-. Moisés había mandado a apedrear a las mujeres sorprendidas en adulterio.
Para Moisés la ley era todo, era lo más importante. En el pacto y la alianza pactada entre
Yahvé con su pueblo, le establece que guarde los mandamientos y Yahvé los protegerá y los bendecirá sobre todo de los pueblos. En el caso de la mujer sorprendida en adulterio, la ley mandaba apedrear a la mujer para que se quedara el pueblo limpio de pecados todo y
estuviera seguro.

2-. La plenitud de la ley es el Amor.
Para Jesús la ley no es lo más importante, es más la plenitud de la ley es el Amor. El resumen de toda la ley es el Amor. En esto se resume el mandamiento de amar a Dios sobre todas las  cosas y al prójimo como a uno mismo y el que ama no le hace mal a su prójimo. Para Jesús el Amor es lo importante. Y el Amor de Dios es salvador. El Amor a Dios no es porque tú te lo mereces. No nos ama porque somos buenos, sino porque Él es bueno. No nos ama porque somos buenos, sino para que seamos buenos. Si hemos pecado, viene el amor de Dios para salvarnos. Él lo que quiere es que hagamos el bien, que a pesar que tengamos problemas nos sigue amando y quiere que salgamos de esos problemas.

El amor de Dios es salvador

“Mujer…Yo tampoco te condeno. Vete en paz y no vuelvas a pecar”. El amor de Dios no es
condenador, por más que hayas hecho algo malo no te va a castigar. Él no nos castiga y ni
nos condena, lo que Él quiere es darnos su perdón, su gracia y su misericordia. Si nos
arrepentimos, si le pedimos perdón, si tenemos deseos de superarnos, Él derrama toda su
misericordia, nos respeta, nos trata con cariño, nos espera con los brazos abiertos, como la
imagen del padre del hijo pródigo, que espera nuestro regreso a la casa celestial, porque

“Haymás alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por cien que no necesitan penitencia. Cristo no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

3-. Si tenemos algún problema, alguna dificultad, si hemos pecado, vayamos y pidámosle perdón a Nuestro Señor, porque ahora es el tiempo de la salvación, ahora es el momento de arrepentirnos, de recibir toda la misericordia y toda la gracia de Dios nuestro Señor, para que superemos ese pecado y encontramos la paz, la alegría, el gozo, la gracia y la misericordia en nuestro corazón.

La bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre todos
ustedes y permanezca para siempre. Amén.
+ Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C.
Obispo Prelado de Cancún-Chetumal