“¿Y USTEDES, QUIÉN DICEN QUÉ SOY YO?”

0
49

Por: + Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C. |Obispo Prelado de Cancún-Chetumal | @PedroPablObispo | FB/PedroPablObispo

1-. En todas las escuelas, los discípulos hacen las preguntas al maestro, pero en esta ocasión, es el maestro quien hace la pregunta a los discípulos. Se trata de una pregunta clave y definitiva:

¿Quién es Jesús? ¿Qué piensan sus más cercanos discípulos del maestro? Los fariseos llegaron a pensar que era un enemigo de Dios, de sus tradiciones, de su religión, por eso pensaban hasta en matarlo. La gente del pueblo pensaba que era un profeta, como los antiguos profetas de su historia como Elías o como Eliseo. Pedro hace, en nombre de los discípulos, la más hermosa y completa confesión de fe: “Tu eres el Mesías”. Pero el concepto de Mesías, tampoco estaba claro, en la mente de Pedro y de los discípulos, pensaban en un Mesías político, que les libraría del yugo de la dominación romana; pensaban en un líder social que se manifestaría espectacularmente. La idea de Mesías que tenían ellos, no coincidía con la idea de Mesías que tenía Jesús, por eso les explica que era necesario para “el Hijo del Hombre, padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y ser entregado a la muerte, y resucitar al tercer día”. Pero los apóstoles seguían sin entender, por eso Pedro intentaba disuadirlo, de seguir ese camino que lo llevaría hasta la muerte.

2-. No es fácil entender a Jesús, aceptarlo y seguir su camino. Su camino va contra la corriente del mundo; su camino va contra nuestras pasiones desordenadas; su camino nos lleva tarde o temprano, a la cruz del calvario, por eso decía san Pablo:

“Que no permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo”, en el cual, “el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”. Como dice el Kempis: “muchos siguen a Cristo hasta partir el pan, pero cuando se proyecta la sombra de la cruz, se retiran y lo abandonan”. La cruz es escandalo para los judíos y necedad para los griegos, pero para los que están en camino de salvación es sabiduría de Dios y bendición de Dios.

3-. El Señor nos conceda la luz del Espíritu Santo para no rechazar la cruz de Cristo, ni sacarle la vuelta en nuestra propia vida. Que el Señor nos conceda abrazar nuestra cruz con paciencia, con amor y con gusto espiritual.

Solo abrazando la cruz y cargándola, con paciencia y amor, podremos experimentar todo lo que Cristo Jesús quiere ser para nosotros. Él quiere ser nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida; Él quiere ser nuestro Señor y Salvador; Él quiere ser nuestro amigo y compañero de camino; solo si aceptamos su Cruz, será todo lo que Él quiere ser para cada uno de nosotros. No podemos reducirlo a nuestros gustos y nuestros esquemas mentales, no podemos acomodarlo a nuestras pasiones desordenadas; no podemos suavizar tanto sus exigencias que nos quedemos con un Cristo desfigurado a la medida de nuestros gustos y caprichos.

Cristo es y será siempre signo de contradicción; adorado, amado y seguido por unos y rechazado por otros: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, pero a los que si los recibieron, les dio poder ser hijos de Dios”. Quien intenta eliminar la exigencia de la cruz y le hace caso a los criterios humanos, del mundo y a las seducciones de satanás, se queda con un Cristo mutilado e incompleto. Si quitas la cruz, ya no es Cristo, es otra cosa. Concédenos Señor, no dejarnos engañar ni por la seducción del mundo, ni por la tentación de satanás, que pretenden contemporizar y combinar las pasiones de soberbia, codicia y lujuria con las Bienaventuranzas cristianas de pobreza, de humildad, de castidad, de obediencia y abnegación, que entendamos y aceptamos la enseñanza definitiva: “el que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el evangelio, la salvará”.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.