“YO SOY EL PAN DE VIDA ETERNA”

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1-. Y ELLOS MURMURABAN

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre”, y ellos, murmuraban: ¿Cómo que ha bajado del cielo, si conocemos a tu padre, a tu madre, a tus hermanos y a tus hermanas”?, ¿Cómo que vienes del cielo y nos quieres llevar al cielo?” Cuando Jesús hizo el milagro de la multiplicación de los panes y quedaron todos saciados, enseguida querían hacerlo rey y decían: “este es el profeta que esperábamos”, y van a buscarlo, no por haber visto signos de fe, sino por haber comido los panes materiales. Pero ahora, que les habla del pan del cielo y que quiere llevarlos al cielo, ya no lo aceptan, más bien lo rechazan y murmuran de Él. No quieren aceptar esa visión trascendente de la fe. Jesús es el pan nuestro de cada día que nos alimenta diariamente, y nos fortalece para seguir adelante día a día. Pero no solamente es el pan de cada día, sino que quiere ser el pan para la vida eterna, el pan que da la vida, no para un solo día, sino para siempre. Sin embargo nosotros nos resistimos a aceptar la plenitud de la vida eterna y nos conformamos con el día a día. Nos parece dura esta doctrina de la trascendencia.

2-. ESTAMOS HECHOS PARA EL CIELO

Queridos hermanos, tenemos esa tentación de quedarnos siempre en lo inmanente, en lo terreno, en lo inmediato y no querer dar el salto a lo celeste, a lo trascendente. Tenemos un alma inmortal, tenemos la sed de vida eterna y sin embargo, cuando él nos da ese pan para la vida eterna nos resistimos a creer: “el que cree en mí tiene vida eterna”. Vamos a pedirle al Señor que nos aumente la fe, para aceptar que él viene del cielo, que Él es el Pan que viene del cielo, que el Padre del cielo nos atrae hacia Él y lo que en definitiva quiere, es alimentarnos para llevarnos al cielo. Más allá de la tierra, de lo material, de lo inmanente, existe lo trascendente. Estamos hechos para la vida eterna, estamos hechos para la trascendencia y estamos hechos para el cielo.

3-. Señor Jesús, tú eres el verdadero pan de vida eterna, creemos en ti, creemos que Tú eres el verdadero pan de vida: danos siempre de este pan, queremos ese pan, aceptamos ese pan. Es el pan que nos va a llevar un día a ver tu rostro, a encontrarte en el cielo, a vivir eternamente contigo. Amen.

La bendición de Dios todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Así sea.