“Quintanarroenses reprobados”
Por: María José Cadena
Ha pasado (¿por fin?) el proceso electoral más grande en la historia de México y es imprescindible permitirnos crear un espacio para la reflexión y el aprendizaje.
Hay más de una lección que podemos analizar ante la ola de violencia, la falta de argumentos y propuestas tangibles y cuantificables de la gran mayoría de las y los candidatos, además de la gran apatía ciudadana ante los retos sociales, económicos y estructurales por los que atraviesa el país.
Comencemos por el dramático incremento de la violencia durante un proceso electoral, que cobró la vida de más de 91 políticos y 693 agresiones directas hacia candidatas y candidatos. Aunque el día de las elecciones —en la mayor parte del territorio— fueron comicios en relativa “tranquilidad”, normalizar un proceso electoral donde existió casi una centena de asesinatos es un acto insensible ante la desgracia. Acostumbrarnos sería un punto sin retorno.
¿Cómo vamos a construir un país más seguro si el propio proceso para elegir a nuestros representantes es un camino labrado a través de la violencia?
Luego pasemos a las y los candidatos, con más de cinco opciones políticas —como mínimo— en cada municipio de Quintana Roo, partidos periféricos en coaliciones buscando mantener su registro, y el debut (y despedida) de partidos como Redes Sociales Progresistas (RSP) y Fuerza x México (FXM) que no lograron obtener ni el 3% de representación en la Cámara baja, es un recordatorio que lo que nos hace falta no son partidos políticos, sino personas decididas a brindar propuestas y alternativas políticas medibles y apegadas a la realidad. Por suerte, ya no tenemos que ver más propaganda electoral o candidatos bailando en TikTok para “conectar” con su audiencia, haciendo totalmente lo contrario.
Y, por último, la poca cultura y educación cívica de las y los quintanarroenses.
A diferencia del resto del país, donde se registró un nivel de participación histórico en elecciones intermedias, en Quintana Roo seguimos luchando contra el abstencionismo. En ciudades como Cancún, donde los reclamos sociales abundan; tres de cada 10 electores salieron a votar.
Otros tantos, incluso, acudieron a quejarse e insultar a miembros del IEQROO al no estar registrados en el padrón y querer utilizar una casilla especial cuando su credencial no pertenecía a la circunscripción correspondiente. Entre los reclamos era que “Cancún es de personas de todas partes” y que ellos “debían” votar. Eso es aún más grave, porque nunca hacemos el esfuerzo para integrarnos por completo. Así que, si queremos comenzar a solucionar nuestros problemas, empecemos por lo básico: dejar a un lado la queja y el insulto digital y físico, y comenzar a actuar en comunidad.
Estas son algunas de las reflexiones que vale la pena intercambiar, tomando en cuenta la reestructuración política por la que atraviesa nuestro país, y nuestro papel frente a ella.
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