Lo que comenzó como una actividad creativa y aparentemente inofensiva se ha convertido en un motivo de alarma para los expertos en sostenibilidad. La generación de imágenes mediante inteligencia artificial (IA), especialmente aquellas con estilos visuales inspirados en el anime de Studio Ghibli, tiene un alto costo ambiental, principalmente en términos de consumo de energía y agua.
Un estudio reciente reveló que crear una sola imagen por IA puede requerir una cantidad de energía equivalente a cargar completamente un teléfono móvil, y el consumo de agua por cada intento podría alcanzar hasta 3.45 litros, debido a los sistemas de refrigeración necesarios para operar los servidores.
“Generar solo cinco imágenes puede implicar un uso de hasta 17 litros de agua. Lo que parece un simple clic se traduce en un impacto ambiental considerable”, advierten investigadores de la Universidad de California y Carnegie Mellon.
Energía invisible: lo que no vemos tras la imagen
La mayoría de los usuarios desconoce que detrás de una imagen generada con IA hay un intenso proceso computacional. Según los investigadores, por cada mil imágenes generadas, los modelos de IA consumen en promedio 2.9 kWh de energía eléctrica, lo que se traduce en 0.0029 kWh por imagen.
Por contraste, los modelos dedicados a generar texto, como los de procesamiento lingüístico, consumen apenas 0.047 kWh por mil tareas, evidenciando que la creación visual es mucho más exigente en recursos.
Además del proceso de generación, el entrenamiento de los modelos de IA también conlleva un impacto masivo. Por ejemplo, el modelo GPT-3 necesitó 1,300 megavatios hora (MWh), similar al consumo eléctrico anual de 130 hogares estadounidenses.
El agua: el recurso silenciosamente agotado
La parte más alarmante del informe es la relacionada con el agua utilizada en los centros de datos, especialmente en los de empresas como Microsoft, que albergan modelos como GPT-4. En el centro de Iowa, entre 2021 y 2022, el consumo hídrico aumentó 37%, alcanzando los 6,436 millones de litros anuales, principalmente debido al enfriamiento de los servidores.
“Cada imagen generada puede representar entre 0.018 y 3.45 litros de agua, dependiendo de la eficiencia del modelo y las condiciones del servidor”, explican los expertos.
Al extrapolar esta cifra a escalas masivas —como los retos virales que invitan a transformar fotos en animaciones estilo Ghibli—, el impacto ambiental se multiplica rápidamente. Cinco imágenes podrían equivaler a 17 litros de agua, el equivalente a más de 30 botellas pequeñas de agua potable.
La opacidad tecnológica: un problema adicional
Otro de los hallazgos preocupantes es la falta de transparencia de las empresas tecnológicas. Sasha Luccioni, investigadora de Hugging Face y coautora del estudio con Carnegie Mellon, denunció que muchas compañías han dejado de publicar información técnica clave:
“No sabemos qué tan grande es ChatGPT, cuántos parámetros tiene o dónde se ejecuta exactamente. Eso limita los análisis y el diseño de políticas ambientales efectivas”, afirmó.
Además, Alex de Vries, investigador de la Universidad de Ámsterdam, estimó que el sector IA podría llegar a consumir entre 85 y 134 TWh anuales para 2027, el equivalente al consumo de electricidad de todo Países Bajos.
“La tendencia es clara: los modelos crecen y con ellos, el gasto energético y la huella hídrica. No hay eficiencia que alcance a compensar el crecimiento exponencial”, alertó.
¿Qué están haciendo las empresas?
Empresas como Microsoft y Google han asegurado estar trabajando en estrategias de sostenibilidad, comprometiéndose a reducir su huella de carbono y optimizar el uso del agua. Sin embargo, los especialistas coinciden en que estas acciones, aunque valiosas, no son suficientes para enfrentar el problema estructural.
Conclusión: ¿vale lo que cuesta?
El fenómeno de generar imágenes con IA —ya sea por entretenimiento, arte o curiosidad— conlleva una carga ambiental tangible. En un mundo donde el agua es cada vez más escasa, y la crisis climática es un desafío urgente, cada imagen cuenta.
Lo que parece un gesto inocente, como obtener una versión animada de tu rostro, puede estar dejando una huella invisible pero poderosa en el planeta. Y quizás sea momento de pensar antes de hacer clic.












