En medio de una guerra comercial que ha remecido los cimientos del T-MEC, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una sorpresiva combinación de elogios diplomáticos y decisiones económicas que sacudieron la relación bilateral con México.
Durante una reunión de su gabinete, el mandatario estadounidense confirmó que tres fábricas automotrices que se construían en México detuvieron sus obras para ser reubicadas en territorio estadounidense, debido a la presión arancelaria impulsada por su administración.
“No estoy buscando hacerle daño a México, pero tres fábricas de carros que se estaban construyendo allí han parado las obras y se van a reiniciar aquí en Estados Unidos por los aranceles”, afirmó el republicano desde la Casa Blanca.
Un cambio de ruta industrial… y de tono diplomático
El anuncio se da en un contexto de tensiones económicas, luego de que en semanas recientes Trump impusiera un paquete de aranceles del 25% a productos provenientes de países que, según él, no colaboran lo suficiente en el combate a la inmigración ilegal y el tráfico de fentanilo. Sin embargo, México y Canadá quedaron fuera de las penalizaciones más severas.
A pesar de estas medidas, Trump no escatimó en elogios hacia la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a quien calificó como una “mujer fantástica y muy buena”, subrayando que disfruta mantener relaciones cercanas con el país vecino.
“Hemos tenido muchas conversaciones. Es muy elegante”, mencionó Trump sobre la mandataria mexicana, mostrando una postura diplomática poco común en sus intervenciones anteriores con líderes internacionales.
El impacto económico
La decisión de frenar la construcción de fábricas automotrices en México representa un golpe importante al desarrollo industrial del país, en especial en regiones donde estas plantas significaban empleos directos, inversión extranjera y dinamismo económico.
Si bien no se especificaron los nombres de las armadoras afectadas, se especula que corresponden a proyectos en Guanajuato, Nuevo León y el Estado de México, que ahora redirigirán sus inversiones hacia ciudades del sur de Estados Unidos, incentivadas por el entorno fiscal promovido por la Casa Blanca.
Este movimiento responde a una narrativa recurrente del expresidente estadounidense: recuperar fábricas y empleos que, según él, se perdieron a raíz del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
“Hemos perdido 90 mil fábricas desde el TLCAN”, lamentó Trump durante su mensaje.
Una relación en pausa… con matices
Pese al tono duro de sus políticas, Trump ha mantenido una línea de comunicación abierta con Sheinbaum, a quien incluso habría elogiado como “dura pero justa” en conversaciones privadas, según reveló recientemente el New York Times.
Ambos mandatarios han protagonizado lo que parece ser una tregua táctica, marcada por la exclusión de México de algunas sanciones, pero también por presiones crecientes para modificar acuerdos y reforzar controles migratorios en la frontera sur.
En marzo, Trump congeló temporalmente la aplicación del arancel del 25% para productos incluidos en el T-MEC, pero mantuvo los gravámenes al acero y aluminio mexicanos, un tema que sigue pendiente de resolución bilateral.
Lo que viene
El futuro inmediato entre México y Estados Unidos se perfila incierto. Aunque las palabras de Trump hacia Sheinbaum son afables, sus decisiones económicas apuntan a una estrategia de presión comercial con fines internos, en la antesala de un año electoral crucial para la reelección del republicano.
Por ahora, México deberá replantear su estrategia industrial y comercial ante este cambio de ruta de inversiones, mientras mantiene la línea de diálogo abierta con una Casa Blanca que lanza señales mixtas: elogios diplomáticos y decisiones que reconfiguran la relación comercial más importante del continente.












