Tras la muerte del papa Francisco el pasado 21 de abril, la Iglesia Católica entra oficialmente en el periodo de “Sede Vacante”, en el que se definirá a su próximo líder espiritual. Mientras el mundo espera con atención el inicio del cónclave, uno de los nombres que resuena con fuerza dentro del Colegio Cardenalicio es el del cardenal guineano Robert Sarah, considerado por muchos como uno de los más firmes aspirantes a convertirse en el nuevo Papa. Pero su perfil no está exento de controversia.
¿Quién es Robert Sarah?
Robert Sarah nació en 1945 en Ourous, Guinea. A lo largo de su carrera eclesiástica, ha escalado posiciones dentro del Vaticano y es reconocido por su postura profundamente conservadora y tradicionalista dentro de la Iglesia. Fue ordenado sacerdote en 1969 y se desempeñó como arzobispo de Conakry antes de ser llamado al Vaticano, donde fue nombrado cardenal por el papa Benedicto XVI en 2010.
En 2014, fue designado prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cargo que ocupó hasta 2021. Durante su gestión, promovió con firmeza la liturgia en latín, el rito tridentino y el regreso a formas más tradicionales de adoración, lo que le granjeó tanto admiradores como detractores.
Su visión del mundo y la Iglesia
Sarah ha sido enfático en su postura sobre los valores tradicionales y el papel de la fe. “La pérdida de la adoración a Dios es el origen de todas las crisis que sacuden al mundo”, ha declarado en múltiples ocasiones. Esta visión se ve reflejada en sus escritos, en los que ha criticado duramente lo que denomina “la colonización ideológica de Occidente”, acusando a las naciones industrializadas de imponer visiones contrarias a los principios naturales y divinos sobre la familia, la sexualidad y la vida.
Su firme defensa del matrimonio heterosexual, su oposición a las bendiciones a parejas del mismo sexo —incluso cuando éstas contaban con aprobación papal— y su crítica a la “cultura unisex” le han otorgado un lugar protagónico entre los sectores más conservadores del catolicismo global. No son pocos los que lo consideran el símbolo de un giro restaurador en la Iglesia, tras los años de aperturas pastorales impulsadas por el pontificado de Francisco.
¿Un Papa africano? ¿Un Papa negro?
Si bien su avanzada edad, 79 años, podría ser un obstáculo para algunos cardenales electores (el límite para participar en el cónclave es de 80 años), muchos consideran que Sarah reúne el perfil necesario para ocupar el trono de San Pedro. De ser elegido, se convertiría en el primer Papa africano desde el siglo V (con Gelasio I) y el primero de raza negra en toda la historia moderna.
Esto ha alimentado también teorías y profecías que circulan en el imaginario colectivo católico desde hace siglos. Una de las más comentadas es la supuesta predicción de San Malaquías, quien describió al último Papa como “Petrus Romanus”, una figura que algunos han interpretado como un Papa diferente, incluso disruptivo. A esto se suma la referencia en las profecías atribuidas a Nostradamus sobre un “Papa negro” que marcaría un punto de inflexión en la Iglesia.
Aunque estas teorías son ampliamente rechazadas por el clero y considerados más mitología popular que doctrina, el perfil de Sarah las ha colocado nuevamente en el foco mediático.
Relación con el papa Francisco
Durante los últimos años, Robert Sarah se distanció claramente del estilo pastoral y de gobierno del papa Francisco. Fue crítico de sus reformas litúrgicas, de su lenguaje inclusivo y de su apertura hacia comunidades LGBTQ+, a las que el papa Francisco buscó acercarse desde un enfoque más pastoral que doctrinal.
En varias ocasiones, Sarah criticó públicamente algunas decisiones papales, lo que generó tensiones dentro del Vaticano. Sin embargo, también se ha mantenido firme en su lealtad institucional y en su compromiso con la Iglesia como cuerpo unificado, lo que le ha otorgado respeto incluso entre quienes no comparten sus ideas.
¿Qué tan probable es su elección?
Aunque la figura de Robert Sarah agrada a muchos cardenales que desean un papado más alineado con la doctrina tradicional, su edad y su perfil polarizante podrían jugar en su contra. El próximo Papa tendrá que ser un puente entre la tradición y la modernidad, y el perfil de Sarah podría resultar demasiado rígido para sectores que abogan por un catolicismo más inclusivo.
No obstante, su experiencia, su integridad personal, su defensa de los valores doctrinales y su origen africano lo convierten en un contendiente relevante. En un cónclave siempre puede haber sorpresas, y el nombre de Robert Sarah está, sin duda, entre los que pueden cambiar la historia de la Iglesia Católica.
Un hombre de fe, un símbolo de resistencia doctrinal y, quizá, un Papa que marcaría un antes y un después. El mundo espera.











