En un ambiente de recogimiento, devoción y profunda emoción, miles de fieles de diversas nacionalidades se congregaron este miércoles en la Basílica de San Pedro para ofrecer el último adiós al papa Francisco, cuyo féretro fue colocado frente a la tumba del apóstol San Pedro, al pie del majestuoso baldaquino de Bernini.
El acceso a la basílica comenzó puntualmente a las 11:00 h (hora local), y desde antes de esa hora ya se observaban largas filas de fieles que aguardaban con paciencia la oportunidad de despedirse brevemente del pontífice, quien falleció el pasado 21 de abril a los 88 años de edad.
El ataúd de Francisco fue trasladado en solemne procesión desde la capilla de Santa Marta hasta la Basílica Vaticana, en un recorrido que incluyó la plaza de Santa Marta, la plaza de los Protomártires Romanos, el Arco de las Campanas, y finalmente la entrada central de la basílica. La procesión estuvo encabezada por cardenales, obispos y altos funcionarios del Vaticano, seguida de los secretarios y asistentes personales que acompañaron al papa durante su pontificado.
Frente a la tumba del primer papa
El lugar elegido para su velación pública no es casual: el féretro de Jorge Mario Bergoglio fue colocado exactamente frente a la tumba de San Pedro, en el corazón simbólico de la Iglesia Católica. El acceso al féretro se organizó con estrictas medidas de seguridad y una delimitación especial que permitió a los fieles acercarse a una distancia prudente, detenerse algunos segundos, y orar en silencio.
La Basílica de San Pedro permanecerá abierta hasta la medianoche de este miércoles y volverá a recibir visitantes desde las 7:00 h del jueves, prolongando el acceso hasta las 19:00 h del viernes 25 de abril, momento en el que se iniciará el rito solemne de cierre del féretro, previo al funeral que se llevará a cabo el sábado 26.
La última caminata del pontífice
El traslado del cuerpo fue un evento cuidadosamente planeado que combinó la tradición litúrgica, el simbolismo eclesial y la emotividad popular. Cada paso del recorrido estuvo acompañado de cánticos litúrgicos, plegarias y el respeto absoluto de una multitud que asistió en silencio, muchos de ellos con lágrimas y rosarios en mano.
Los primeros en despedirse fueron los miembros del colegio cardenalicio, los obispos y el personal del Vaticano, que formaron un corredor humano alrededor del ataúd. A continuación, se permitió el acceso ordenado de la ciudadanía, que ingresó por turnos controlados por la Gendarmería Vaticana.
Una despedida global
La Santa Sede ha informado que se espera la llegada de delegaciones oficiales de más de 100 países para los funerales del sábado, entre ellas jefes de Estado, primeros ministros, líderes religiosos de diversas confesiones y representantes de organismos internacionales.
El funeral del papa Francisco será presidido por el decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re, y marcará el cierre de uno de los pontificados más carismáticos, reformistas y globales de la historia reciente de la Iglesia Católica. Francisco, el primer papa latinoamericano, será recordado por su defensa de los pobres, su impulso por una Iglesia más inclusiva y su firme posicionamiento frente a las injusticias del mundo moderno.
El legado de Francisco
Con este último gesto público de fe y homenaje, el pueblo católico —y millones de personas no creyentes que lo admiraban— confirman que el papa Francisco trascendió las fronteras religiosas para convertirse en un símbolo de humildad, diálogo, justicia social y paz.
Su legado se hará presente no solo en la historia de la Iglesia, sino en los gestos concretos que impulsó: la tolerancia interreligiosa, el cuidado del planeta, la apertura hacia los marginados y la lucha contra la corrupción y el clericalismo.
Así, bajo la cúpula de Miguel Ángel y junto a la tumba de San Pedro, el mundo rinde homenaje a un líder que eligió ser llamado simplemente “Francisco”, el hombre que llevó el nombre del santo de Asís a lo más alto del catolicismo.











