Treinta muralistas de distintos países crean 1,800 metros cuadrados de arte callejero en un antiguo cuartel militar.
Treinta muralistas de todo el mundo, entre ellos dos españoles y un argentino, comenzaron esta semana a pintar en las afueras de Praga un muro de unos 700 metros de largo, con el objetivo de crear, de aquí al 30 de junio, cerca de 1,800 metros cuadrados de arte callejero.
Bajo el lema “La belleza de la ciudad en movimiento”, los artistas participan en el festival de arte muralista “Urban Pictus” y decoran cientos de metros del muro del antiguo cuartel militar de Ruzyne, un barrio periférico al oeste de la capital checa.
Un proyecto con artistas checos y extranjeros
Los encargados de intervenir el muro son quince checos y quince extranjeros, entre los que destacan la donostiarra Amanda Arruti, conocida como Mandioh, el barcelonés Marc Altafulla, conocido como Kram, y el marplatense Juanjo Surace.
La calle donde se ubica el muro está escoltada, a un lado, por edificios de hormigón prefabricado típicos del urbanismo soviético y, al otro, por el antiguo cuartel del Ejército checo, un lugar calificado por Arruti como “ideal” para el arte callejero.
“Traer el arte aquí hace esta zona más interesante y la eleva, atrayendo más visitantes. El ‘street art’ se suele hacer en zonas marginales, pero es una forma de elevar los barrios”, explicó Arruti en declaraciones a EFE.
La artista vasca también estuvo en Cosenza, Italia, el pasado marzo, donde pintó Más allá del muro del silencio, una obra dedicada a la prevención de la violencia de género y la protección de las mujeres, que considera su obra cumbre hasta ahora.
En Praga, trabaja con aerosol para plasmar su tema preferido, la figura y el cuerpo femenino; en este caso, dos figuras, una de frente y otra de perfil, en medio del borboteo y fluir del agua, evocando el paso del río Moldava por la capital checa.
Para la artista, de 35 años, se trata de un recordatorio de “que se pueda encontrar un poquito de calma en la agonía de las ciudades, fluyendo un poco, siendo un poco como los patos y los cisnes, e ir navegando la ciudad”.
Junto con la alemana Bona Berlín, Arruti es una de las dos únicas mujeres que participan en este proyecto de arte callejero, que se desarrolla en un muro de 700 metros de largo y 2.5 metros de alto.
Otro de los artistas es el catalán Kram, que destaca por su estilo geométrico, abstracto y de fuerte impacto visual.
En Praga, hace un guiño al país anfitrión, ya que en sus creaciones no falta la cerveza y están presentes animales locales, un tema recurrente en su obra, donde late un profundo mensaje social.
“Trato de integrar la fauna local. Humanizo animales o animalizo personas, con un mensaje de diversidad y convivencia; al final, son varias especies que conviven en un mismo espacio”, explica a EFE.
A diferencia de Arruti, Kram prefiere huir de los contextos periféricos, marginales o rústicos, ya que el carácter urbano de su obra pide estar en un ambiente dinámico de la ciudad.
“Inclusión y diversidad, en un contexto en el que ideas antiguas o pasadas de moda están volviendo a coger fuerza, como el racismo o el fascismo, y todo tipo de ‘ismos’ tan perjudiciales”, asegura.
La idea es hacer una monumental “galería al aire libre” de arte urbano contemporáneo, con el uso de pinturas plásticas que perduren lo máximo posible en el tiempo.
De esta forma, el nuevo muro se uniría al famoso muro de graffitis de John Lennon, que existe en Praga desde los años 1980.










