El consumo de agua fría siempre ha sido relacionado con la pérdida de peso. La idea popular sostiene que, al beber líquidos fríos, el cuerpo debe “trabajar” más para llevarlos a la temperatura corporal, quemando así algunas calorías extras. Pero ¿qué tan cierto es?
De acuerdo con expertos en nutrición y metabolismo, este efecto sí existe, pero es mucho menor de lo que se piensa. Por ejemplo, beber medio litro de agua fría puede aumentar el gasto energético en alrededor de 20 calorías, lo cual, por sí solo, no significa una reducción significativa de peso.
Sin embargo, el verdadero beneficio de tomar agua fría está en la sensación de saciedad y frescura que produce, lo que puede ayudar a reducir el consumo de bebidas azucaradas y a mantener el organismo hidratado. Y esa, a largo plazo, sí es una estrategia efectiva para mantener un peso saludable.
La recomendación de los especialistas es clara: tomar entre 1.5 y 2 litros de agua al día, preferentemente natural o fría, pero acompañada de una dieta balanceada y actividad física regular.
En conclusión: beber agua fría no es una “píldora mágica” para adelgazar, pero sí puede ser un aliado dentro de un estilo de vida saludable.












