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CANCÚN 2/2

El Quintana Roo que evoco dista mucho de ser lo que es hoy, lo que, no podría ser de otro modo; sin embargo, me parece conveniente tener presente lo que, en estas tierras, a base de una clara visión, decisiones gubernamentales atinadas, una comprometida participación de los distintos actores sociales, y mucho trabajo, se logró; y esto con el fin de continuar haciéndolo por los mismos motivos y con los mismos instrumentos ya probados.

En menos de 50 años se ha conseguido pasar de ser uno de los estados más pobres en el concierto nacional, con atraso en muchos rubros, poco poblado, mal comunicado, alejado del centro del país y entre sus haberes ruinas (arqueológicas), mar, playas y selva, harta selva; a un lugar en el que el día de hoy se asienta uno de los desarrollos turísticos y hoteleros más exitosos del mundo y desde luego de México.

En ese transcurso de tiempo, recuerdo, por ejemplo, que en el principio hubo incluso la necesidad de enseñar a muchos para que pudieran trabajar en los primeros hoteles, no ha hablar inglés como podría suponerse, sino español, para que siquiera pudieran entender las instrucciones en el trabajo. Obra por todas partes, durante mucho tiempo —aún ahora, aunque en este particular año de afectaciones económicas y sanitarias lo han mermado un tanto—, se podía venir varias veces al año y lo constante que se apreciaba era obra y empresa por doquier; una muestra es el aeropuerto de la ciudad que desde que yo recuerdo, siempre ha estado en obra de expansión para poder satisfacer la siempre creciente demanda.

Y este espíritu de empeño y dinámica social, pronto fue contagiado y hoy día son también una realidad, desarrollos turísticos y hoteleros como Puerto Morelos, Isla Blanca, Holbox, la Riviera Maya, Mahahual, la Costa Maya, distribuidos en toda la geografía estatal.

Y de todo ello, decía, he tenido el privilegio de ser testigo. Por ello, también, al ver la problemática que hoy enfrenta Quintana Roo —a la que ya siento como propia, como el lugar que me dio cobijo y un modo de vida— no puedo dejar, al menos, de expresar mi sentir de profunda preocupación y hasta tristeza al ver que, como decía el cronista de la Ciudad, Fernando Martí en una de sus obras (casi deseando que no fuera cierto), no todo ha sido para bien, cuando dice:

El éxito turístico se transformó solamente en la búsqueda de ganancias a toda costa y al más corto plazo, de allí el descuido de la naturaleza, la construcción sobre las dunas, la pérdida de la vegetación nativa, la contaminación de las lagunas.

En este sentido, puedo dar igualmente testimonio de que pese al esfuerzo y organización empresarial para lograr que Cancún, entonces, y los nuevos desarrolladores hoy, han contribuido a la construcción de la realidad que es hoy este polo turístico, lo mismo que de líderes gremiales y sindicales; lamentablemente entre todos ellos, han arribado a estas latitudes personas con otros intereses y prioridades y en no pocos casos, se han encumbrado en puestos políticos y de poder que nada o muy poco han aportado para engrandecer estas tierras, pero que mucho han medrado de ellas y consecuentemente, mucho daño le ha hecho a Quintana Roo.

Citar así mismo, por ejemplo, de los abusos que algunos prestadores de servicios turísticos realizan derivado de las confusiones cambiarias, en los taxis o arrendadoras de autos; la falta de civilidad; la corrupción enquistada en muchas acciones gubernamentales; el desinterés y apatía en general de

la participación de la sociedad en los temas públicos; el conformismo; el paternalismo y una cada vez más creciente población que todo quiere que el Estado le provea, y el Estado, aunque pocas veces lo cumple, se lo ofrezca y prometa con tal de contar con su apoyo al momento de votar.

O peor aún, ver a personas embozadas, dañando y destruyendo no solamente edificios y obras emblemáticas de la ciudad, sino la imagen pública de una ciudad y un estado completo ante la comunidad nacional e internacional, auspiciadas o azuzadas por intereses no del todo claros, sino más bien por intereses mezquinos, identificados algunos como políticos o de acceso al poder.

Fue también a Don Sigfrido Paz a quien le escuche que el otrora éxito y orgullo mexicano turístico a nivel mundial, llegando a ser descrito como la bahía más bella del mundo, se lo “acabaron” sus propios habitantes y nadie más, por lo que instaba a los de Quintana Roo a evitar, repeler, contener e incluso combatir y despreciar hablar y actuar en contra de lo que tanto ingenio, esfuerzo y trabajo se había conseguido en este rincón del Caribe mexicano.

Lo logrado en estos primeros 50 años no son cosa menor: Quintana Roo es, por decir algo, el principal captador de cruceros del país; tiene un par de municipios que han sido considerados como los de mayor crecimiento de América; con importantes ingresos per cápita del País; el primero en captación de divisas derivadas del turismo. Un estado en el que, al menos técnicamente, no existe el desempleo —o existía—; y en el que el crecimiento se ha sostenido. En fin, una entidad que, de estar a la saga, ha remontado —hoy lo sigue haciendo— lugares y aspira a estar en los primeros lugares en más de un rubro. Para muchos, algo así como el mexican way of life, que inhibió su migración allende nuestras fronteras.

Con estos datos y remembranzas como muestra, va el exhorto para que no permitamos que nos quiten o destruyan lo que tenemos. Defendamos nuestras ciudades y Estado. Rechacemos a todos aquellos que, todo lo que les interesa es acceder al poder por el poder mismo, con falsos argumentos reivindicatorios, de igualdad y solidaridad. Impidamos que Cancún o cualquier otra población de Quintana Roo, sea catalogada como insegura, inestable o fuera de control. Exijamos a nuestras autoridades que cumplan —ya con eso es suficiente—, con lo que las leyes les facultan y autorizan. Y por sobre todas las cosas, no dejemos que alguien, por más cargo o función política o de cualquier otra índole que ostente, nos robe lo que venimos buscando y que con tanto empeño se ha construido en este rincón del país y con ello, nuestros sueños y nuestro futuro.

Cancún, Quintana Roo, nosotros, no lo merecemos. Un mejor año para todos. ¡Feliz Año Nuevo!

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