En medio del escándalo desatado por la exhibición -reportaje de Carlos Loret de Mola- del lujoso estilo de vida de José Ramón López Beltrán, hijo del presidente de México, en Houston Texas, precedido por un falso atentado a balazos contra el padre del periodista en la ciudad de Mérida, Andrés Manuel López Obrador realizó su primera gira del año a Quintana Roo, donde anunció un paquete de obras de infraestructura por 10 mil millones de pesos para Cancún y Tulum, además de supervisar los avances -con hartos retrocesos- del tramo 5 de su Tren Maya, al que protestas de hoteleros han obligado de modificar su trazo en al menos tres ocasiones.
Vino AMLO, mientras las fotos de la opulenta mansión de su cachorro en Texas se viralizaban en redes sociales, a asegurar que la expropiación anunciada de casi 200 mil hectáreas para que corra sin freno su magna obra férrea no se trata de invasiones arbitrarias de predios “como lo hizo Porfirio Díaz”, sino más bien de acciones concertadas con los propietarios de los terrenos que el Gobierno federal necesita para que se construya el polémico trazo 5 que corre de Cancún a Tulum, detenido, pospuesto y desviado varias veces por falta de consensos con empresarios que han rechazado la ruta original por, según ellos, las graves afectaciones que va a causar al sector turístico.
En un “no pero sí”, el presidente dijo que en su Gobierno “no queremos imponer nada”, en referencia al reciente anuncio de la Secretaría de Desarrollo Agrario y Territorial de que serían expropiadas tierras suficientes, pero su anuncio dejó ciertos visos de advertencia de que el manotazo sobre las propiedades que necesita el Tren Maya no se descarta si la resistencia de los empresarios continúa evitando que la obra ferroviaria siga deteniéndose y desviándose pues, recalcó AMLO, ésta se inaugura a finales del 2023, sí o sí, aunque los avances del proyecto apenas superan el 10 por ciento.
Explicó el mandatario que se hablará con ellos (los inconformes), se les tratará de convencer de que la obra es necesaria para el desarrollo turístico de la nación y, de no llegar a ningún acuerdo, entonces sí -reconoció-, se tendría que proceder a una expropiación “consensada” y pagarían por las tierras de particulares que el Gobierno se agenciaría, donde lo más seguro es que el avalúo de las propiedades corresponda a tasas que daten del porfiriato, de a peso el metro cuadrado… y entonces sí, lo tomas o lo dejas.
Acompañado del gobernador del estado, Carlos Joaquín y de la alcaldesa de Cancún y virtual candidata de Morena a la gubernatura, Mara Lezama, el inquilino de Palacio Nacional anunció la próxima puesta en marcha de un entronque vial en el corredor turístico entre el Aeropuerto, la Zona Hotelera y la Riviera Maya, con el que se pretende desahogar el tráfico vehicular que ya supera con mucho el pequeño y vetusto “trébol” que funciona hasta ahora.
Se comprometió a que entre marzo y abril arrancarán los trabajos del tan anunciado puente sobre la Laguna Nichupté, la muy urgente modernización del destrozado boulevard Luis Donaldo Colosio, la construcción de la avenida Chac Mool y de un gigantesco parque nacional para la preservación del jaguar y otras especies endémicas de la región, a las que paradójicamente las obras del Tren Maya han arrebatado cientos de hectáreas de su hábitat natural, en aras del desarrollo económico de la región, en donde los proyectos presidenciales primero se ejecutan y luego se hacen los estudios pertinentes y las correcciones de errores que sean necesarias, pues total, dinero es lo que sobra.
Y no sólo en las arcas federales por lo que vemos, sino también en el patrimonio familiar de los López Beltrán, donde José Ramón, uno de los hijos mayores del presidente, no tiene reparo en ocultar la buena vida de la que disfruta en el extranjero, mientras en México su padre insiste en una estricta política de austeridad donde es malo tener más de un par de zapatos o aspirar a crecer profesionalmente.
Un reportaje de Carlos Loret y el movimiento Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad sacó a la luz pública la “casita” de 450 metros cuadrados de construcción y 1100 metros de terreno en Houston donde viven el “júnior” izquierdista y su esposa Carolyn Adams, la cual se encuentra en una zona privada del exclusivo residencial Harris Bennett a las afueras de la urbe texana, donde las residencias superan fácilmente el millón de dólares.
La mansión cuenta con cuatro habitaciones, cuatro baños completos, tres estacionamientos, sala de doble altura, cocina, bar, sala de cine, salón de juegos, acabados de piedra y madera, y una alberca climatizada de 23 metros de largo, que equivale a la extensión frontal de seis casas de interés social donde habitan los mexicanos de la clase trabajadora que se aprietan todos los días el cinturón para estar a tono con el permanente llamado de López Obrador a evitar el dispendio en lujos y frivolidades como los “fifís” y “conservadores” que tanto detesta el presidente.
Pero ahí no acaba el asunto: De acuerdo a documentos presentados en la investigación, dicha propiedad pertenecía hasta hace poco a Keith Schilling, un alto ejecutivo de la empresa Baker Hughes, la cual, en un vergonzoso conflicto de intereses con el Gobierno federal mexicano que en nada se diferencia con el escándalo de la “Casa Blanca” de Peña Nieto y su entonces esposa Angélica Rivera, mantiene actualmente contratos de trabajo por más de 150 millones de dólares con Petróleos Mexicanos. ¿Así o más descarado el asunto?
Según la información del condado, el avalúo catastral de la propiedad del privilegiado cachorro de la “Cuarta Transformación” es de 370 mil dólares, algo así como 7.6 millones de pesos, aunque sitios especializados de bienes raíces de Texas calculan que una casa en esta zona puede alcanzar los 19 millones de pesos. Además, a diferencia del modesto Jetta blanco en el que a AMLO le gusta darse baños de pueblo cuando se baja de las Suburban blindadas para ejemplificar con la austeridad que pregona, José Ramón López se transporta en una lujosa camioneta Mercedes Benz, bastante “fifí” y aspiracionista, de millón y medio de pesos.
Tras la presentación de esta investigación, portales de noticias ‘fake’ difundieron el sábado la noticia de un atentado a balazos por parte de un grupo armado en contra de Rafael Loret de Mola, padre de Carlos, reportándolo como grave a consecuencia de varios disparos que, según la especie, habría recibido. La falsa noticia fue después desmentida, pero como que el mensaje por el malestar que dejó el pisotón de callos ahí quedó.
Tan claro como el que el presidente les dejó a los empresarios rebeldes que se oponen al trazo 5 del Tren Maya, de que, si bien no le gusta “imponer” decisiones, sí les expropiará de no convencerlos de que cooperen para la causa.
Jorge Castro Noriega
Periodista, columnista y analista político / Director de JC Digital / Conductor de Sin Anestesia Diario, La Ruta del Cebiche y Omelette Político Zona Norte / Panelista en Zona Crítica y editorialista en Radio Turquesa.











