La política peruana Betssy Chávez Chino, de 36 años, se ha convertido en el centro de una crisis diplomática entre México y Perú, luego de que el gobierno de Dina Boluarte anunciara la ruptura de relaciones diplomáticas tras confirmarse que la ex primera ministra del expresidente Pedro Castillo se encuentra asilada en la embajada mexicana en Lima.
El caso de Chávez ha reavivado las tensiones entre ambos países, ya que el gobierno mexicano defendió su decisión de otorgar el asilo, calificándola como un acto humanitario y legítimo bajo el derecho internacional, mientras que Perú lo considera una intervención en sus asuntos internos.
De Tacna al poder en Lima
Nacida en Tacna, al sur de Perú y de origen aimara, Betssy Chávez creció en una familia humilde y se formó como abogada antes de ingresar a la política. En las elecciones de 2021 fue elegida congresista por el partido Perú Libre, de corte marxista, con el que Pedro Castillo llegó al poder ese mismo año.
Su carisma y habilidad política la llevaron rápidamente a ocupar cargos en el gabinete. En octubre de 2021 asumió la cartera de Trabajo, posteriormente fue ministra de Cultura y, finalmente, presidenta del Consejo de Ministros, cargo que desempeñó por apenas dos semanas antes del intento de golpe de Estado encabezado por Castillo en diciembre de 2022.
La ministra más leal a Pedro Castillo
Chávez fue una de las funcionarias más cercanas y leales al expresidente. Estuvo presente en el Palacio de Gobierno mientras Castillo pronunciaba el mensaje televisado en el que anunció el cierre del Congreso y la intervención del Poder Judicial, medidas que precipitaron su destitución y arresto.
Aunque Chávez asegura que desconocía el contenido del mensaje presidencial, fue señalada por la Fiscalía como cómplice del intento de golpe de Estado, lo que derivó en su detención en 2023 y su traslado a una prisión de mujeres en Lima.
Durante su encarcelamiento, denunció abusos y arbitrariedades, realizó huelgas de hambre y obtuvo su liberación luego de que el Tribunal Constitucional reconociera que su detención fue irregular, pues la Fiscalía no solicitó en tiempo la extensión de la prisión preventiva.
Entre el juicio y el asilo político
Tras su liberación, Chávez debía presentarse tres veces por semana ante el tribunal que lleva su caso, pero hace una semana dejó de asistir a las audiencias, lo que despertó sospechas de una posible fuga. Finalmente, el lunes 3 de noviembre, se confirmó que se encontraba dentro de la Embajada de México en Lima, donde solicitó asilo político.
El Juzgado Supremo de Investigación Preparatoria había dictado una orden de impedimento de salida del país por 10 meses, al considerar que existía “sospecha suficiente” de que podía abandonar Perú antes de que concluyera su proceso judicial.
“Soy inocente y víctima de una persecución política. Mi única falta fue ser leal al presidente Pedro Castillo”, ha dicho en reiteradas ocasiones la ex primera ministra.
Su abogado, Raúl Noblecilla, había asegurado semanas atrás que su clienta “no tenía intención de salir del país” y que incluso evaluaba postular a la Presidencia en las próximas elecciones generales. De hecho, en una entrevista reciente, Chávez afirmó: “En los próximos años seré presidenta del Perú”.
El asilo que desató la ruptura diplomática
La decisión del gobierno mexicano de concederle asilo fue el detonante para que Perú rompiera relaciones diplomáticas con México, alegando que el acto representaba una intromisión inaceptable en su soberanía.
El lunes, el ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Hugo de Zela, anunció la medida, calificando el otorgamiento del asilo como un “acto inamistoso”. En respuesta, el Gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, reiteró que el asilo se concedió con base en los tratados internacionales y en la Constitución mexicana, en estricto apego al principio humanitario y de no intervención.
La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), a través del subsecretario Roberto Velasco Álvarez, recordó que el derecho de asilo es un acto pacífico y que México no ha intervenido ni intervendrá en los asuntos internos del Perú.
Mientras tanto, Betssy Chávez permanece bajo resguardo en la sede diplomática mexicana, a la espera de que Lima otorgue el salvoconducto que le permita abandonar el país.
Una figura polémica, símbolo de lealtad y conflicto
Para sus simpatizantes, Chávez representa una víctima de persecución política y una mujer de origen indígena que desafió al poder tradicional. Para sus detractores, en cambio, es responsable de haber alentado un intento autoritario de ruptura institucional.
Su historia —marcada por la lealtad a Pedro Castillo y su repentina caída política— hoy trasciende las fronteras peruanas y ha colocado a México nuevamente en el centro del debate internacional sobre el asilo político y la soberanía de los Estados.












