El mundo entero continúa de luto tras el fallecimiento del papa Francisco, y hoy, nuevos detalles sobre sus últimas horas de vida conmueven a millones de fieles. El doctor Sergio Alfieri, jefe del equipo médico que lo atendía desde el Hospital Gemelli en Roma, ofreció un estremecedor testimonio que confirma la voluntad del pontífice de morir en su hogar espiritual, sin intervenciones médicas invasivas.
“Entré en su habitación y tenía los ojos abiertos. Comprobé que no tenía problemas respiratorios e intenté llamarle, pero no contestaba”, relató Alfieri, quien fue también su cirujano en dos operaciones pasadas.
El papa, de 88 años, no fue trasladado al hospital, pues su deseo más íntimo —según su equipo cercano— era morir en Casa Santa Marta, su residencia desde el inicio de su pontificado, y así evitar cualquier “ensañamiento terapéutico”.
“Murió poco después”, señaló el médico en una entrevista a medios italianos, explicando que Francisco entró en coma sin responder a estímulos, ni siquiera los dolorosos, y que su muerte ocurrió de forma serena, sin sufrimiento visible.
Una decisión consciente, sin intubación
Alfieri subrayó que el Papa había sido claro en sus últimas hospitalizaciones: no deseaba ser intubado ni sometido a procedimientos extremos. “Durante su última estancia en el Gemelli pidió expresamente que no se procediera a la intubación en ningún caso”, añadió.
El procedimiento, aunque podría haberle facilitado la respiración ante una infección pulmonar, no garantizaba recuperación y iba en contra de su voluntad de mantener su dignidad en los últimos momentos.
Quien gestionó todos los cuidados y decisiones en ese instante fue Massimiliano Strappetti, su asistente personal de salud, a quien Francisco veía como un hijo.
“Si hubiera perdido el conocimiento, habría que seguir las directrices que dejó a Strappetti: ningún ensañamiento. Murió como quiso: tranquilo, acompañado y en su hogar”, confirmó el médico.
El momento final: un adiós sencillo, sin dramatismo
Todo ocurrió el lunes 21 de abril, a las 7:35 de la mañana, según el certificado de defunción firmado por el director de Sanidad e Higiene del Estado del Vaticano, Andrea Arcangeli. La causa oficial: un ictus que derivó en un coma profundo y luego en una parada cardiorrespiratoria fulminante.
Alfieri detalló que fue probablemente uno de esos infartos cerebrales “que te llevan en una hora”, con posibilidad de un émbolo cerebral o una hemorragia súbita. Un evento clínico común en adultos mayores, sobre todo con movilidad limitada.
“Estaba en paz, como si lo supiera”
El testimonio del médico es desgarrador y sereno a la vez. Asegura que el papa Francisco se encontraba en una profunda calma espiritual, incluso en los días previos. Recordó cómo, durante el pasado Domingo de Resurrección, aceptó salir a la plaza de San Pedro en silla de ruedas para recorrerla entre la multitud, como si supiera que sería su última vez.
“Es como si, acercándose al final, hubiera decidido hacer lo que tuviera que hacer”, reflexionó Alfieri.
Ese gesto de cercanía con los fieles fue interpretado ahora como una despedida silenciosa, una forma de estar presente y agradecer a quienes lo acompañaron durante más de una década de pontificado.
Un legado de humildad y humanidad
El papa Francisco, primer pontífice latinoamericano y primer jesuita en ocupar el trono de Pedro, marcó una era con su visión humanista, valiente y cercana a los más vulnerables. Su fallecimiento ha movilizado a millones de personas en todo el mundo, que estos días acuden en masa a la Basílica de San Pedro para despedirlo.
El próximo sábado 26 de abril, se llevará a cabo su funeral de Estado, al que asistirán al menos 50 jefes de Estado y 10 monarcas, incluyendo líderes como Donald Trump, Javier Milei, Emmanuel Macron y Volodímir Zelenski, según confirmó el Vaticano.
El féretro será trasladado posteriormente a la Basílica de Santa María la Mayor, donde será sepultado según su propia voluntad.
“Hoy sabemos que el Papa no solo vivió con humildad, también eligió morir con ella”, dijo un cardenal al salir de la Casa Santa Marta.
La Iglesia y el mundo lo lloran, pero su historia, su sencillez y su profunda humanidad permanecerán por siempre en la memoria colectiva de la humanidad.











