Tras tres años de intensas negociaciones y con la memoria aún viva de los estragos provocados por el COVID-19, casi 200 países miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) están a solo horas de cerrar un acuerdo sin precedentes: el primer Tratado Global de Pandemias.
Este instrumento internacional no solo busca prevenir futuras crisis sanitarias, sino corregir profundamente las injusticias y desigualdades que marcaron la respuesta mundial a la última pandemia.
Con un texto prácticamente finalizado, solo queda un punto pendiente por resolver: la transferencia de tecnología en situaciones de emergencia. Sin embargo, fuentes cercanas a las negociaciones confirman que el consenso está a punto de alcanzarse.
El legado del COVID-19: vacunas para unos, escasez para muchos
Durante la pandemia, el mundo fue testigo de una desigualdad alarmante. Mientras los países ricos acaparaban vacunas, tratamientos y equipo médico, naciones de ingresos bajos y medios quedaban a la espera, dependiendo de mecanismos de ayuda tardíos y limitados.
Además, la falta de transparencia en los acuerdos entre gobiernos y farmacéuticas, así como el nulo retorno social por el financiamiento público a la investigación, generaron una profunda desconfianza.
¿Qué contempla el tratado?
El nuevo Tratado Global de Pandemias plantea reglas claras y mecanismos solidarios para futuras emergencias:
- Acceso equitativo a vacunas, medicamentos y diagnósticos.
- Distribución justa de al menos el 20% de la producción farmacéutica generada con información compartida.
- Financiamiento transparente para evitar especulación.
- Transferencia tecnológica en términos acordados mutuamente, respetando los tratados de la Organización Mundial del Comercio.
- Fortalecimiento de capacidades locales en regiones vulnerables, especialmente en África y América Latina.
Aunque los países en desarrollo buscaban que la transferencia de tecnología fuera obligatoria, el documento final establece que esta se hará bajo acuerdo mutuo. Aun así, el tratado representa un avance frente al estancamiento previo, según observadores.
Un avance entre tensiones, pero con espíritu de cooperación
La embajadora francesa Anne-Claire Amprou, copresidenta del Grupo de Negociación Intergubernamental, confirmó tras una sesión maratónica de 24 horas que se logró un “acuerdo de principio”.
“Hemos avanzado poco en lo ideal, pero dimos pasos firmes para evitar retrocesos y abrir la puerta a la solidaridad global”, expresó un representante latinoamericano que participó en las conversaciones.
El texto contempla, además, la obligación de las farmacéuticas de destinar el 20% de su producción a la OMS en situaciones de emergencia, si sus productos fueron desarrollados a partir de información genética o patógena compartida por un país. De ese total, un 10% será donado y el otro 10% vendido a precios accesibles, para asegurar que el acceso a insumos no esté dictado por la capacidad de pago, sino por la necesidad sanitaria.
Próximo paso: la Asamblea Mundial de la Salud
Si el documento recibe luz verde final en las próximas horas, será enviado a la Asamblea Mundial de la Salud, que se celebrará del 19 al 27 de mayo en Ginebra, para su aprobación formal por los 194 Estados miembros de la OMS.
De ser aprobado, el mundo contará por primera vez en la historia con un marco jurídico global para enfrentar futuras pandemias con equidad, responsabilidad compartida y solidaridad.
Una lección dura, aprendida con dolor. Pero también, un paso firme hacia un planeta más preparado, justo y resiliente ante la próxima emergencia sanitaria.












