En un giro decisivo para la salud pública global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció la adopción de un tratado internacional contra pandemias, el segundo acuerdo sanitario mundial en la historia, después de la Convención para el Control del Tabaco en 2003. Este pacto, producto de tres años de negociaciones y 13 rondas diplomáticas, busca que la humanidad no repita los errores cometidos durante la pandemia de COVID-19, que cobró más de 20 millones de vidas.
El acuerdo se formalizará durante la próxima Asamblea Mundial de la Salud que se celebrará del 19 al 27 de mayo en Ginebra, y tiene como objetivo fortalecer los sistemas de prevención, respuesta y cooperación ante futuras emergencias sanitarias.
Un tratado nacido del trauma global
La propuesta de un tratado pandémico surgió en diciembre de 2020, cuando líderes europeos, junto al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, impulsaron la idea frente al colapso de los sistemas de salud y el caos internacional generado por el SARS-CoV-2.
En los años siguientes, los 194 Estados miembros de la OMS iniciaron un largo proceso de negociación a través del llamado Órgano de Negociación Intergubernamental (INB). Sin embargo, la salida de Estados Unidos de la organización redujo ese número a 193, afectando las dinámicas internas y el ritmo de los acuerdos.
¿Por qué es tan importante este tratado?
La OMS sostiene que la próxima pandemia no es cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo, por lo que este acuerdo representa una oportunidad para construir un sistema de alerta y respuesta global más sólido.
El texto del tratado parte del reconocimiento de que las pandemias no solo son una amenaza sanitaria, sino un riesgo existencial para las economías, las sociedades y la estabilidad mundial. La experiencia del COVID-19, con cierres de fronteras, crisis económicas y colapsos hospitalarios, dejó lecciones que ahora se traducen en compromisos concretos.
Ejes clave del acuerdo
El tratado establece que los países firmantes deberán:
- Fortalecer sistemas de alerta temprana, vigilancia y detección de enfermedades zoonóticas (aquellas que saltan de animales a humanos).
- Asegurar la bioseguridad en laboratorios que trabajen con patógenos peligrosos.
- Garantizar la cooperación en el acceso y reparto equitativo de beneficios derivados del uso de patógenos compartidos en el sistema global de la OMS.
Uno de los aspectos más controvertidos fue la transferencia de tecnología farmacéutica desde los países desarrollados hacia los países en desarrollo. Esta fue una de las principales trabas en las negociaciones, debido a la resistencia de los países con grandes industrias farmacéuticas.
Finalmente, se acordó que la transferencia de tecnología se realizará solo cuando ambas partes lo acuerden mutuamente, evitando imposiciones legales que pudieran afectar los intereses comerciales.
Consecuencias políticas y diplomáticas
Además de los beneficios técnicos, el tratado representa una inyección de legitimidad y moral para la OMS, una agencia que fue duramente criticada durante la pandemia por supuestos errores de comunicación y por reaccionar con lentitud.
Actualmente, la organización atraviesa serios problemas de financiamiento, especialmente tras el retiro de Estados Unidos, que anteriormente fue su principal fuente de recursos. Este tratado llega como un respiro institucional y un intento de reposicionar a la OMS como actor clave en la arquitectura global de salud.
¿Qué sigue?
Aunque la firma oficial se espera en mayo, el reto inmediato será implementar el tratado a nivel nacional en cada uno de los países signatarios. Para que este pacto no se quede en letra muerta, se requerirá una verdadera voluntad política, financiamiento sostenido y coordinación internacional.
Además, el acuerdo abre la puerta a una mayor intervención de la OMS en futuras pandemias, lo que podría significar que, en una nueva emergencia, las decisiones no estén fragmentadas entre gobiernos, sino dirigidas bajo un protocolo común que priorice la salud global.
El mundo ha hablado, y lo ha hecho con una sola voz: nunca más una pandemia sin preparación, sin cooperación y sin equidad.











