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sábado, junio 22, 2024

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El poder de la palabra «no»: cómo aprender a usarla para mejorar tu bienestar

Una sola palabra te puede ayudar a quitarte presión y tener un mejor bienestar. Eso sí, has de ser consciente de su poder y aprender a decirla cuando toca, que para algunos no siempre es fácil. Los expertos en psicología nos ayudan a decirla más a menudo.

Es más fácil decir que hacer. Cuántas veces no habremos oído esta frase tan cierta. Hay mucha gente con propuestas que no se plantean el coste de llevarlas a cabo o lo difícil que es. Luego viene el momento de llevarlas a la práctica y todo son problemas.

¿Pero sabes que puede pasar exactamente lo contrario? Que sea más fácil ponernos a hacer cosas porque no sabemos decir que no; es decir, que no sepamos negarnos ante una idea que nos parece excesiva, con la que no estamos de acuerdo o que sencillamente nos va a llevar mucho tiempo y esfuerzo. Y todo por no crear conflictos innecesarios.

Pasa más a menudo de lo que creemos y a mucha más gente de la que podría pensarse. De eso es de lo que nos están alertando los psicólogos. Por suerte (y ya que estamos de frases hechas), a grandes males, grandes remedios. Los expertos nos traen la palabra mágica que lo soluciona todo.

QUIENES HAN DE PRACTICAR LA NEGATIVA

Parece mentira que, siendo una de las palabras más cortas que tenemos en castellano, a veces cueste tanto de pronunciar: ‘no’. Es lo que apuntan los expertos. “Decir no parece fácil a priori; sin embargo, es una de las máximas dificultades que nos encontramos en consulta”, explicaba la psicóloga Natalia Franco, del centro clínico Área Humana.

No has de creer que significa tener una actitud egoísta o poco social. Hay veces es que es importante no acceder a todo. ¿A quiénes les cuesta más decir no? Hay algunos perfiles de personas que, por diversos motivos, tienen más dificultades a negarse:

  • Personalidad más complaciente. Aquellos que les gusta agradar a los otros sin poner límites. Hay incluso una patología relacionada: el síndrome de la chica buena (en femenino porque es mucho más habitual en mujeres). Aquellas personas que priorizan las necesidades de otros antes que las suyas.
  • Si tienes baja autoestima. Si te falta fuerza de voluntad para establecer límites o expresar tus propias necesidades.
  • Si evitas la confrontación. A veces por no tener peleas o iniciar discusiones accedes sin ganas, pensando que ceder en todo es el mal menor.
  • Personas con miedo a no ser aceptadas. Si temes decepcionar, que te perciban como egoísta o poco participativa. A veces detrás hay experiencias previas negativas que nos han hecho ahora ver que decir no es un error.
  • Si te falta habilidad para decirlo. La asertividad es la capacidad de cada uno de saber comunicar para defender tus ideas o tus derechos. Lo que se dice “tener buena labia”. Hay personas que no tienen asertividad, no saben comunicar bien, unas acaban siendo muy agresivas y otras acaban siendo muy pasivas. En este segundo grupo están las que no saben decir que no.
  • Personas con dependencia emocional. Si estás en una relación difícil o directamente con una persona tóxica, te pueden estar haciendo chantaje emocional y manipulando para que no puedas decir que no. Si crees que no puedes vivir sin esa persona, cederás en todo.

¿CÓMO SÉ SI ME CUESTA DECIR NO?

Como ves, se trata de situaciones que suponen que estás teniendo una situación de inferioridad. La culpa de una manera u otra recae sobre ti. Y no debería ser así.

No siempre es fácil reconocerse uno mismo en alguno de estos grupos de personas. Hay un par de pistas que nos pueden indicar que nos cuesta decir no:

  • Si nos justificamos en exceso. Nos decimos “me da un poco igual”, “no es tan importante”. Pese a que nos suponga un malestar obligarnos a hacer algo, lo vemos como un mal menor.
  • Si nos hace sentirnos enfadados, decepcionados o culpables. Es decir, si te estás cuestionando a ti mismo que lo que querías hacer era decir ese no y no lo has hecho.

QUÉ EFECTO TIENE DECIR SIEMPRE SÍ

“No decir no tienen consecuencias y nos afecta de alguna manera”, advierte la psicóloga Franco. Ese estilo evitativo, el de acceder a todo, tiene como consecuencia la pérdida de control sobre nuestra vida. No ser nosotros mismos.

Aparecen entonces esa sensación de baja autoestima, sentimientos de indefensión y de que son los demás los que manejan nuestra vida y nuestras respuestas, que llevan a mucha gente a la consulta del psicólogo.

También pueden generar dolor de cabeza, ansiedad, estrés crónico, por ejemplo. Son somatizaciones por esa falta de control y auto obligación de agradar a los otros constantemente.

En el aspecto personal, la relación de pareja también se puede ver deteriorada. Puedes sentir que no compartís objetivos y deseos, que te falta realización personal. No siempre es porque la otra persona sea manipuladora o tóxica, como apuntábamos.

Staff Editorial
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