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ELECCIONES EN MÉXICO

En breve estaremos inmersos, nuevamente, en las campañas electorales que servirán para que se renueve la Cámara de los Diputados al Congreso de la Unión, y en algunas Entidades Federativas, la elección de gobernador, presidentes municipales y diputados locales; lo que pondrá a prueba, otra vez, a nuestra democracia. 

Democracia entendida como esa forma de organización social en la que los ciudadanos de un país dado eligen a sus gobernantes, quienes serán los encargados de dirigir a la Nación, en su nombre y de donde se sigue que ese poder de mando y dirección emana, precisamente, del pueblo elector. 

El pensador francés Alexis de Tocqueville (1805-1859) en su obra La Democracia en América (1835- 1840) plasmó que consideraba al modelo liberal-democrático americano, mucho más equilibrado que el que propugnaban los revolucionarios europeos. A él se le atribuye el haber contribuido al convencimiento de sus contemporáneos, de que la defensa de la democracia y la libertad individual, que pudiera derivar en un “cesarismo” populista —aludiendo a Napoleón III— demandaba de medidas tales como la división de poderes y la descentralización política, enfatizando el fomento de la conciencia cívica de los ciudadanos para hacerles amantes de la libertad y capaces de resistirse contra cualquier despotismo. 

Conceptos y antídotos que en la actualidad se han ido consolidando en la forma de la división de poderes, pesos y contrapesos, métodos de elección certeros y vigilados, entre otros; pero que sin embargo resultan todavía insuficiente. Sigue existiendo un bajo involucramiento y participación de la sociedad en estos temas y por encima de todo, una gran falta de educación cívica y política de la población, que genere además de conciencia, conocimiento para poder tomar decisiones de elección de autoridades con elementos bastantes y suficientes para superar la retórica y propaganda a la que el electorado se ve sujeto durante las campañas electorales. 

Las ideas de Tocqueville siguen teniendo vigencia, es por ello por lo que planteo: 

Ojalá que, en las próximas elecciones en México, el INE resista, se consolide; y se conserve como ese árbitro sólido, confiable, imparcial, independiente, cuyas decisiones logren el aval, por su desempeño, de la sociedad. Ojalá que los partidos políticos (para variar) se comporten a la altura de las expectativas y logren reivindicarse ante la sociedad, sean propositivos y dejen hacer su labor a las autoridades electorales sin calificativos ni presiones tendientes sólo a inclinar decisiones a su favor; que entiendan que desprestigiar al árbitro por razones mezquinas a nadie beneficia, todo lo contrario. Ojalá el día de la jornada electoral se venza a la abstinencia, y que haya una gran manifestación popular de su voluntad a través del voto, cualquiera que sea su preferencia y convicción. Ojalá que los argumentos vayan más allá del insulto, la descalificación y el detestable y reprobable: Sólo hay democracia si gano yo. Ojalá que los candidatos nos traten como adultos y nos digan la verdad y no traten de engañarnos con encuestas a modo, cifras de logros inalcanzables y obras irrealizables. Ojalá que los involucrados, los que al contender han aceptado “las reglas del juego”, sean generosos en la victoria y los perdedores lo acepten y de manera civilizada y honorable, sumen sus esfuerzos con los ganadores para hacer de este un mejor país y nuestra democracia digna de ser ejemplo para otras naciones. Ojalá que tanto ganadores como perdedores, pasada la elección, puedan, de verdad, ir por la vida sin vergüenza. 

Pero, sobre todo, ojalá que más allá de la convocatoria que pudieran realizar los candidatos, los partidos políticos y autoridades electorales; el pueblo mexicano, todo aquél que esté en capacidad legal de ejercer el voto, se decida de una buena vez a participar y lo haga consciente e informado. Ojalá nos percatemos todos que este país nos pertenece a todos, no sólo a los partidos y a los gobernantes en turno, y ¡que nosotros somos más y somos los electores! Ojalá reconociéramos que es nuestro derecho y nuestra responsabilidad, nuestros, hacer que las cosas funcionen como debiera ser. Ojalá nos diéramos cuenta y nos convenciéramos de que es el voto un estupendo medio para hacer que nuestros políticos honren su palabra; y que es a través de éste como podemos reprochar o premiar en futuras elecciones a los partidos y a los propios candidatos. Ojalá dejemos atrás complejos y atavismos y tomemos de otras democracias los ejemplos que nos puedan ser útiles. Ojalá aceptemos que nuestra democracia, sí, incipiente e imperfecta, es al fin de cuentas, el mejor medio que hemos encontrado para forzar a quienes se les concede la honrosa oportunidad de gobernarnos para que hagan lo que nuestro país requiere para alcanzar los niveles deseables de democracia, seguridad, justicia, legalidad, desarrollo, educación, salud, certeza. En fin, ojalá que lo aquí contenido se convierta, pronto, en mucho más que buenos deseos. 

Ojalá… 

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