Estudios en Brasil y Estados Unidos advierten que este modelo fortalece el orden escolar, aunque afecta el pensamiento crítico.
Las escuelas militarizadas de nivel básico y medio superior pueden mejorar el autocontrol, el trabajo en equipo y la conducta de los estudiantes, pero esas ventajas no superan las desventajas que este modelo puede tener en otras dimensiones pedagógicas y de desarrollo personal, de acuerdo con investigaciones internacionales.
Los estudios revisados en Brasil y Estados Unidos coinciden en que la militarización escolar puede ordenar el entorno educativo y reducir conductas de riesgo; sin embargo, también advierten que este enfoque puede limitar la libertad de expresión, el pensamiento crítico y otras habilidades vinculadas con la formación integral de niñas, niños y adolescentes.
Brasil, el caso más sistemático
Uno de los países que han evaluado de manera sistemática este tipo de escuelas es Brasil, donde la militarización de la educación pública ha cobrado gran relevancia desde 2019, cuando se lanzó el Programa Nacional de Escuelas Cívico-Militares, en colaboración entre los ministerios de Educación y Defensa del país.
En particular, el estado de Goiás destaca entre las 27 unidades federativas que conforman la estructura administrativa de Brasil, por ser pionero en la implementación y extensión de este modelo, en el que se atiende a 66 mil estudiantes en 60 escuelas.
La investigación, pionera en su tipo, fue llevada a cabo en Goiás y encabezada por Jevuks Matheus de Araújo, del Laboratorio de Economía y Evaluación de Políticas Públicas de la Universidad Federal de Paraíba. El estudio revela, antes de los resultados académicos, una mejora en la conducta de los estudiantes en las escuelas.
De acuerdo con el reporte de la investigación, publicado en julio de 2025 en el International Journal of Educational Development, se detectó “una disminución significativa” de las amenazas a los profesionales que trabajan en la escuela, los robos y la presencia de alcohol, drogas y armas entre los estudiantes.
Matheus de Araújo y su equipo añaden que su análisis “ofrece información sobre cómo la militarización contribuye a mejorar el entorno escolar y el rendimiento académico”.
Sin embargo, señalan que “se requieren más investigaciones para evaluar los impactos a largo plazo y otras dimensiones relevantes, como el desarrollo de habilidades socioemocionales y la educación cívica”.
También destacan que diversos investigadores del tema critican el modelo de escuela militarizada porque fomenta un entorno de control social y limitan la libertad de expresión y el pensamiento crítico de los estudiantes, además de plantear “inquietudes sobre su impacto en los derechos y libertades de los estudiantes”.
Otros estudiosos del tema resaltan “las dimensiones afectivas del militarismo en las escuelas” y el potencial de la militarización para “moldear las emociones, los valores y las creencias” de los estudiantes de maneras que pueden restringir el pensamiento crítico y la autonomía.
Por otra parte, algunos investigadores argumentan que las escuelas militarizadas, que hacen énfasis en “la disciplina, el respeto a la jerarquía y el cumplimiento de un código de conducta”, podrían contribuir al desarrollo de habilidades no cognitivas, como la autodisciplina, la gestión del tiempo, la responsabilidad individual y colectiva, la definición de objetivos y el trabajo en equipo.
Estados Unidos: enfoque para el reclutamiento
Desde hace décadas, en Estados Unidos se han hecho estudios sobre la militarización de las escuelas, implementada con miras a satisfacer la gran demanda de soldados que tiene el país. Un reportaje de The Associated Press estimó que en 2009 el presupuesto para reclutamiento fue de 1400 millones de dólares y que había 27 mil personas empleadas en esa tarea.
En la introducción del apartado “El militarismo va a la escuela” (Militarism Goes to School), de la revista Critical Military Studies, Seth Kershner y Scott Harding abordan la cuestión de la militarización de las escuelas desde la perspectiva de “los procesos mediante los cuales las sociedades se preparan para la guerra” a través de la militarización del sistema educativo civil.
Kershner y Harding señalan que la militarización de las escuelas estadounidenses va “acompañada de una ‘red de militarismo’ omnipresente en las escuelas públicas: reclutadores militares por todas partes, el programa paramilitar Junior Reserve Officers’Training Corps (JROTC) y oficinas de orientación profesional repletas de folletos que promocionan las fuerzas armadas”.
Los autores citan estudios sobre el programa JROTC que muestran que tiene un “efecto positivo en el rendimiento académico, especialmente en las tasas de deserción y la asistencia escolar”.
Sin embargo, ese efecto positivo se encauza más hacia el propio ejército que hacia los estudiantes en lo individual, pues otro estudio encontró que estos “presentaron mayores tasas de alistamiento militar; sin embargo, mostraron tasas más bajas al matricularse en instituciones de educación superior”.
“En conjunto, los colaboradores de esta sección especial llevan a cabo la importante labor de exponer y criticar las múltiples formas en que el ejército de los Estados Unidos recurre al marketing dirigido a los niños para autosostenerse”, concluyen.
La discusión internacional deja así una conclusión compartida: las escuelas militarizadas pueden mejorar la disciplina y el orden, pero también generan dudas sobre su impacto en la autonomía, la formación cívica y el pensamiento crítico de los estudiantes.












