Estefanía Mercado
Su declaración hacia el 2027, una reelección, y la ventaja posterior que nadie anticipó.

El martes 25 de agosto, durante una entrevista nacional con Héctor Jiménez Landín para El Heraldo Televisión, Estefanía no improvisó una respuesta ni se dejó arrastrar por la lógica de una pregunta incómoda. Hizo algo que personalmente valoro mucho en la política, quizá porque cada vez ocurre menos: habló con claridad y dijo hacia dónde quiere ir.
“Vamos hacia la reelección, eso es lo que vamos a perseguir, esa es la ruta política que queremos llevar, siempre y cuando el pueblo de Playa del Carmen la respalde.”
Hay declaraciones políticas que, cuando una las escucha por primera vez, pueden parecer sencillas. Una frase, una respuesta durante una entrevista, quizá un titular más dentro de una semana cargada de información. Pero algunas merecen detenerse un poco y observar todo lo que realmente están diciendo. La que hizo Estefanía Mercado Asencio, presidenta municipal de Playa del Carmen, pertenece a esa categoría.
Después explicó el camino. Esperará la convocatoria de Morena y, cuando llegue el momento, inscribirá su nombre en la coordinación municipal, el mecanismo interno mediante el cual el partido suele construir posteriormente sus candidaturas.
Me parece importante subrayar lo que dijo, pero también lo que no dijo. Estefanía no afirmó que ya fuera candidata, no anunció una precampaña y tampoco pretendió adelantarse a los tiempos electorales. Lo que hizo fue expresar públicamente una aspiración y, al mismo tiempo, reconocer que para convertirla en realidad primero deberá cumplir con las reglas de su partido y, finalmente, obtener algo que ningún procedimiento interno puede sustituir: el respaldo de la gente de Playa del Carmen.
En un Quintana Roo donde la conversación sobre 2027 se escucha cada vez con mayor intensidad, aunque buena parte de ella todavía ocurra en privado y los nombres aparezcan y desaparezcan de las encuestas, esa claridad política tiene un valor propio.
LO QUE CAMBIÓ ENTRE JUNIO Y AGOSTO
El 22 de junio, Estefanía había tomado otra decisión importante. Descartó inscribirse en el proceso interno de Morena para la coordinación estatal, el mecanismo que eventualmente conduce hacia la candidatura a la gubernatura.
“Me voy a quedar en Playa del Carmen; tenemos mucho trabajo que concretar”, dijo entonces.
Cuando le preguntaron sobre la posibilidad de reelegirse en el municipio, fue mucho más prudente. Consideró que ese tiempo “todavía no ha llegado”.
Dos meses después, parece que ese momento comenzó a llegar. No para formalizar una candidatura, porque todavía faltan los calendarios partidistas y electorales, sino para poner fin a una ambigüedad que inevitablemente iba a crecer conforme avanzara el proceso político.
Creo que el orden de estas decisiones importa mucho. Primero cerró la puerta a la gubernatura y después manifestó públicamente su intención de permanecer en Playa del Carmen. Si las cosas hubieran sucedido al revés, seguramente no faltarían quienes interpretaran la reelección como una alternativa ante la imposibilidad de avanzar hacia el gobierno estatal. Al hacerlo de esta manera, la lectura es distinta: Estefanía decidió concentrarse en el municipio que gobierna, terminar lo que comenzó y, llegado el momento, pedirle a la ciudadanía la oportunidad de continuar.
A mí me parece una decisión políticamente inteligente, pero también coherente con lo que ella misma había dicho semanas antes.
En la política existe una tentación que siempre me ha llamado la atención: pareciera que llegar a un cargo obliga inmediatamente a comenzar a pensar en el siguiente. Como si gobernar fuera solamente una estación de paso y no una responsabilidad que necesita tiempo para madurar.
Yo pienso lo contrario. Hay momentos en los que consolidar un proyecto puede ser mucho más valioso que apresurarse a buscar otro. Gobernar también significa terminar procesos, corregir errores, darle continuidad a las decisiones que funcionan y asumir que algunas transformaciones necesitan más de tres años para comenzar a verse realmente.
CÓMO LO DIJO, LA FORMA TAMBIÉN ES MENSAJE
La manera y el lugar donde Estefanía decidió hacer pública su intención también tienen importancia.

No ocurrió durante un mitin ni a través de un video producido específicamente para sus redes sociales. Fue durante una entrevista de televisión nacional, dentro de un espacio informativo y frente a un periodista que no pertenece al entorno político cotidiano de Playa del Carmen.
Ahí, Estefanía hizo algo que me pareció relevante: no separó su aspiración política de la responsabilidad que hoy tiene como presidenta municipal. Mientras habló de la posibilidad de buscar la continuidad, también habló del crecimiento acelerado de Playa del Carmen, de los problemas derivados de la planeación urbana heredada, de seguridad, de diversificación turística y de la necesidad de incorporar a las comunidades mayas y rurales dentro del desarrollo del municipio.
Eso, para mí, hace una diferencia.
Quien pretende pedirle a la ciudadanía otros tres años no puede hablar solamente de una aspiración personal. Necesita explicar qué quiere terminar, qué falta por hacer y por qué considera que la continuidad puede ser conveniente para la ciudad.
Estefanía habló de un municipio que durante las últimas dos décadas creció a una velocidad que muy pocas ciudades mexicanas han experimentado. Habló de más de sesenta comunidades rurales y de proyectos como la Ruta de la Miel y la Selva, reconocida en FITUR 2026. Detrás de todo ello aparece un mensaje bastante sencillo: hay procesos en marcha que todavía no han concluido.
También me gustó particularmente una parte de su declaración: “siempre y cuando el pueblo de Playa del Carmen la respalde”.
Podría parecer una frase obligada en política, pero creo que en este caso tiene un significado concreto. En Morena, las candidaturas municipales no dependen exclusivamente de quien quiera competir. Existen convocatorias, encuestas y procedimientos internos. Estefanía reconoció esas reglas, pero además colocó la última decisión donde corresponde: en los ciudadanos.
2027: LA ÚLTIMA VENTANA PARA LA REELECCIÓN
Existe además un elemento jurídico que vuelve especialmente interesante esta decisión.
En Quintana Roo, la reelección consecutiva de presidentes municipales, síndicos, regidores y diputados locales podrá utilizarse por última vez durante el proceso electoral de 2027. El IEQROO ya aprobó los lineamientos correspondientes y la prohibición de la reelección, derivada de la reforma nacional, comenzará a operar en 2030.
Eso hará de la próxima elección un proceso muy particular.
Quienes llegaron al cargo en 2024 y todavía no han agotado la posibilidad de ejercer un segundo periodo podrán competir nuevamente. Estefanía Mercado se encuentra dentro de ese grupo. En la lectura política estatal también aparecen José Luis Chacón, en Cozumel, y Nivardo Mena, en Lázaro Cárdenas.
Del otro lado se encuentra un grupo importante de presidentas y presidentes municipales que ya utilizaron la posibilidad de reelegirse y, por lo tanto, no podrán hacerlo nuevamente: Ana Patricia Peralta en Benito Juárez, Atenea Gómez Ricalde en Isla Mujeres, Blanca Merari en Puerto Morelos, Mary Hernández en Felipe Carrillo Puerto, Eric Borges en José María Morelos, José Alfredo Contreras en Bacalar y Yensunni Martínez en Othón P. Blanco.
Por eso creo que 2027 no será simplemente una elección municipal más. En buena parte de Quintana Roo significará un cambio muy profundo en el mapa político local.
Para Estefanía la consecuencia es concreta. Si cumple con los requisitos de militancia, participa en la convocatoria de Morena, obtiene la candidatura y posteriormente gana la elección constitucional, tendría la posibilidad de gobernar Playa del Carmen hasta 2030.
Y es ahí donde esta decisión adquiere una dimensión mucho más interesante.
LA INCERTIDUMBRE ESTATAL Y LA VENTAJA DE NO MOVERSE
Quintana Roo se acerca a 2027 con una conversación política que todavía está lejos de resolverse: quién sucederá en la gubernatura.
Durante meses, el nombre de Estefanía Mercado apareció dentro de esa conversación. Encuestas realizadas durante 2025 le reconocieron presencia estatal. En junio de 2026, Mitofsky la colocó en el tercer lugar nacional entre los alcaldes evaluados.
Aquí aparece una realidad que conocemos bien quienes vivimos en Quintana Roo. Tener un liderazgo muy fuerte dentro de un municipio no significa necesariamente contar con la misma presencia en todo el estado. Quintana Roo es pequeño territorialmente si lo comparamos con otras entidades, pero políticamente tiene regiones, identidades, dinámicas y prioridades muy diferentes.
Por eso considero que insistir ahora en la gubernatura habría representado para Estefanía una apuesta de mayor riesgo. Permanecer en Playa del Carmen, en cambio, significa competir desde el territorio que conoce, donde ha construido una identidad política propia, una estructura de gobierno y una narrativa vinculada directamente con su administración.
Playa del Carmen es hoy su espacio natural.
También existe otro elemento que debe considerarse. El Partido Verde, aliado de Morena y una pieza importante de la ecuación política quintanarroense, ya había expresado anteriormente una visión favorable sobre la continuidad de su proyecto municipal. Eso, por supuesto, no significa un respaldo electoral formal, pero sí representa una señal de alineación política que puede disminuir fricciones cuando llegue el momento de construir acuerdos.
LA IMPORTANCIA DE DECIR “COORDINACIÓN MUNICIPAL”
Para quienes no siguen todos los días la vida interna de Morena, hablar de una “coordinación municipal” podría sonar simplemente como un tecnicismo partidista. Pero no lo es.
La coordinación de la defensa de la transformación es el mecanismo mediante el cual Morena ordena, antes de las precampañas legales, la definición del perfil que eventualmente suele convertirse en candidato o candidata.
Al anunciar que se inscribirá cuando sea publicada la convocatoria, Estefanía encontró un punto que me parece políticamente prudente: hizo pública su aspiración sin proclamarse candidata antes de tiempo.
Eso le permite evitar dos errores bastante comunes. No se adelanta formalmente a las decisiones de su partido, pero tampoco permanece en silencio dejando que otros ocupen un espacio político que ella desea conservar.
Es, en términos sencillos, levantar la mano respetando los tiempos.
Y en un partido donde buena parte de las decisiones se procesan mediante encuestas y acuerdos internos, saber respetar esos tiempos también forma parte de la viabilidad de cualquier proyecto.
EL ESCENARIO QUE PODRÍA APARECER EN 2028
Me parece interesante hacer un ejercicio diferente: no pensar únicamente en la elección de 2027, sino imaginar cómo podría verse Quintana Roo después de ella.
Tendremos un nuevo gobernador o una nueva gobernadora. Muchos municipios estrenarán presidentes municipales porque quienes actualmente los gobiernan ya no podrán reelegirse. Cancún, Chetumal, Isla Mujeres y otros centros importantes de poder local necesariamente comenzarán nuevas etapas.
Si Estefanía gana, Playa del Carmen podría convertirse en una excepción muy visible.
Estaríamos hablando de uno de los municipios turísticos más importantes de México gobernado por una persona que ya habría completado un periodo, que conocería la administración municipal, los problemas derivados del crecimiento urbano, la relación con el sector turístico, las necesidades de las comunidades mayas y rurales y la coordinación necesaria con los gobiernos estatal y federal.
Mientras buena parte del tablero comienza de nuevo, ella conservaría algo que en política tiene muchísimo valor: experiencia inmediata de gobierno.
No me atrevería a llamarla desde ahora “decana de la política estatal”. Esos lugares no se anuncian ni se conceden anticipadamente; se construyen con los años, con resultados y con capacidad política. Pero sí creo que las condiciones particulares de la elección de 2027 podrían colocarla, si logra reelegirse, en una posición singular.
Mientras una buena parte del poder municipal de Quintana Roo iniciaría de cero, ella podría representar continuidad.
Y la continuidad, cuando está respaldada por resultados y por los ciudadanos, puede convertirse en un capital político muy importante.
Por supuesto, también trae consigo una responsabilidad mayor.
Quien pide un segundo periodo ya no puede solicitar que lo juzguen solamente por sus intenciones. Tiene que responder por lo que hizo durante el primero. Y quizá esa sea una de las cosas que más me gustan del principio de la reelección: obliga a quien gobierna a regresar con los ciudadanos y explicar qué hizo con la primera oportunidad que recibió.
La segunda elección siempre será, de alguna manera, un examen mucho más exigente que la primera.
LO QUE TODAVÍA FALTA
También debemos ser prudentes. La entrevista del 25 de agosto no resuelve el proceso electoral de Playa del Carmen.
Todavía falta la convocatoria de Morena, el proceso interno, el registro legal, las precampañas y, naturalmente, la elección constitucional. Y falta lo más importante: que los habitantes de Playa del Carmen decidan si quieren darle continuidad a este proyecto.
En política unos meses pueden cambiar muchas cosas. Pueden aparecer nuevos perfiles, modificarse las circunstancias, surgir dificultades dentro de una administración o cambiar las condiciones al interior de los partidos.
Por eso me parece correcto que Estefanía haya hablado de una aspiración y no de un hecho consumado. Dijo lo que quiere hacer. Ahora deberá construir las condiciones necesarias para conseguirlo.
UNA DECISIÓN DE CONTINUIDAD
Mientras muchos actores políticos de Quintana Roo comienzan, de manera natural, a mirar hacia la sucesión estatal, Estefanía Mercado tomó una decisión diferente: redujo su mapa.
Cuando una persona define con claridad su territorio político, también permite que quienes están alrededor sepan dónde están parados. Su equipo conoce ahora el horizonte. Sus aliados conocen su intención. Quienes eventualmente quieran competir contra ella deberán decidir si están dispuestos a disputar Playa del Carmen. Y Morena sabe que el municipio no necesariamente quedará abierto como consecuencia de una aspiración estatal de su presidenta municipal.
Desde mi perspectiva, es una decisión sensata.
Si en 2027 Estefanía consigue la candidatura, obtiene nuevamente la confianza de los ciudadanos y gobierna hasta 2030, probablemente entenderemos mejor la dimensión política de lo que hoy acaba de anunciar.
Para entonces, buena parte de las presidencias municipales de Quintana Roo habrá cambiado de manos y existirá también una nueva administración estatal. Estefanía, en cambio, podría seguir ahí.
Y en un estado acostumbrado a los cambios rápidos, permanecer no es poca cosa.
Pero también creo que permanecer nunca debería ser el objetivo por sí mismo. La continuidad solamente tiene sentido cuando sirve para terminar proyectos, corregir aquello que no salió bien, aprovechar la experiencia acumulada y ofrecer mejores resultados a la gente.
Por eso no leo la declaración del 25 de agosto simplemente como un eslogan electoral. Yo la veo como una definición política.
Estefanía Mercado habló con una claridad que siempre agradezco en quienes participan en la vida pública. No dijo que será candidata, no afirmó que tenga asegurada la reelección y tampoco pretendió adelantarse a Morena ni, mucho menos, a los ciudadanos.
Simplemente dijo cuál es la ruta que quiere recorrer. Ahora sabemos que esa ruta se llama Playa del Carmen.
Primero tendrá que pasar por su partido. Después vendrá la decisión verdaderamente importante, la que ninguna encuesta interna puede sustituir: la de las mujeres y los hombres que viven todos los días en Playa del Carmen.
Ellos serán quienes decidan si Estefanía puede seguir recorriéndola. Y aquí estaremos nosotros, Dios mediante, para seguir contándoles a ustedes el discurrir de la política en Quintana Roo.










