Jacob Helberg advierte que copiar infraestructura de IA puede dejar a los países rezagados frente a la innovación.
La ONU quiere que cada nación construya su propia infraestructura de inteligencia artificial. Sin embargo, para Jacob Helberg, esa ruta puede ser “la manera más segura de quedarse una generación atrás”.
Helberg, subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Económicos y arquitecto de la iniciativa Pax Silica, publicó el 26 de junio de 2026 un texto en el que cuestiona la idea de la “soberanía digital” como estrategia tecnológica para los países.
La crítica a la soberanía digital
En su análisis, Helberg afirma que hoy pocas palabras halagan tanto a un gobierno como “soberanía digital”, porque transmite independencia, dignidad y autogobierno. Pero advierte que esa idea ha sido puesta al servicio de un debate político de moda y de rápida expansión.
Según explica, muchos países han recurrido a las Naciones Unidas para que impulse esa visión a través de su Pacto Digital Global y de fondos y mecanismos asociados. El objetivo sería avanzar hacia un mundo en el que cada país controle un “mínimo irreducible” de inteligencia artificial: sus propias computadoras, sus propios datos y sus propios modelos, desarrollados y de propiedad nacional.
Helberg considera que esa propuesta es atractiva, pero también “en retroceso y contraproducente”.
Innovar, no copiar
El funcionario sostiene que la verdadera fortaleza no está en reproducir avances ya existentes, sino en crear nuevos. En su texto compara la lógica empresarial de Silicon Valley con la de los gobiernos: copiar lo que ya existe lleva a mercados saturados y a márgenes cada vez menores, mientras que inventar algo nuevo abre un mercado y genera riqueza.
“Solo los innovadores crean nueva riqueza para las sociedades”, afirma.
Helberg plantea que, si cuarenta gobiernos decidieran construir sus propias nubes soberanas, modelos soberanos y líderes nacionales de IA, terminarían gastando miles de millones en proyectos similares en mercados demasiado pequeños para sostenerlos. El resultado, dice, no sería soberanía digital, sino “una especie de mediocridad sincronizada”.
En contraste, sostiene que las empresas estadounidenses seguirían inventando el futuro mientras otros reconstruyen el presente, manteniendo así los márgenes, las valoraciones y el liderazgo en la economía mundial.
Estados Unidos y Pax Silica
Helberg recuerda que Estados Unidos no respondió con una estrategia de soberanía digital cuando el mundo migró a la red 5G. En lugar de levantar desde cero un fabricante doméstico, las empresas estadounidenses compraron equipo a aliados de confianza y concentraron su innovación en la nube, el software y la inteligencia artificial.
“Estados Unidos no ganó el futuro fabricando la antena. Lo ganó construyendo todo lo que viaja a través de ella”, escribe.
Con esa lógica, explica, nació Pax Silica, una iniciativa que no busca levantar una fortaleza, sino una coalición de capacidades entre naciones de confianza. La idea es combinar tecnología, minerales, talento y capital de distintos socios para multiplicar resultados.
El director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella, también es citado por Helberg para reforzar la idea de que el premio no es un modelo de frontera, sino un ecosistema de frontera. En ese esquema, el valor fluye hacia cada empresa, industria y país que participa.
Helberg concluye que un país no se vuelve digitalmente soberano acumulando un modelo que pronto quedará obsoleto, sino siendo dueño del ciclo que convierte su experiencia en ventaja. Para él, la soberanía digital no debe entenderse como un muro ni como una copia, sino como una frontera que se empuja hacia adelante con innovación.












