León XIV en Argentina: misas, papamóvil y desafío político

La visita del Papa ya activa una compleja coordinación entre Nación, Ciudad, Buenos Aires, Córdoba y el Vaticano.

La visita de León XIV a la Argentina, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre, ya entró en una etapa decisiva de organización y obligará a coordinar a la Nación, la Ciudad de Buenos Aires y las provincias de Buenos Aires y Córdoba. La Iglesia terminó de montar una estructura específica para el viaje y el Vaticano enviará a fines de agosto una nueva avanzada para revisar escenarios y cerrar aspectos del itinerario.

El operativo reunirá en un mismo esquema institucional a Javier Milei, Jorge Macri, Axel Kicillof y Martín Llaryora, gobernantes de espacios políticos distintos que deberán trabajar en conjunto durante la visita del jefe de la Iglesia Católica y del Estado Vaticano. La seguridad del Pontífice quedará en manos del Gobierno nacional, mientras que la logística dependerá en buena medida de las administraciones locales.

Dos papamóviles y tres grandes misas

Entre las primeras definiciones aparece un dato central: habrá dos papamóviles. Toyota se ofreció a fabricarlos y donarlos, y ya recibió las especificaciones técnicas de la Santa Sede. Serán vehículos abiertos, no blindados, similares a los que utiliza habitualmente León XIV para desplazarse entre los fieles. La decisión busca facilitar los movimientos en un viaje que tendrá actividades separadas por cientos de kilómetros.

El Papa permanecerá en la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre y visitará la Ciudad de Buenos Aires, Luján y Córdoba. En cada uno de esos lugares habrá una misa multitudinaria. En Buenos Aires, la celebración está proyectada en el Monumento de los Españoles, en Palermo; en Luján será en torno del santuario; y en Córdoba se trabaja sobre el predio de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA).

La idea inicial de usar la avenida 9 de Julio para la principal misa porteña quedó descartada. Allí celebró Juan Pablo II en 1987, pero la fisonomía de la avenida cambió por completo con el paso del tiempo y el Metrobús redujo los espacios disponibles para una concentración de esa magnitud. El Monumento de los Españoles ofrece una superficie más abierta, mejores posibilidades para vallas y pantallas, y una configuración que facilitaría la visibilidad del altar.

La avanzada vaticana llegará a fines de agosto

Para fines de agosto está prevista la llegada a Buenos Aires de una nueva avanzada del Vaticano, más numerosa que la anterior y encabezada por monseñor José Salas, sacerdote mexicano a cargo de la organización de los viajes papales dentro de la Santa Sede. Salas es uno de los hombres clave de la preparación y encabeza las misiones que revisan sobre el terreno las condiciones de cada visita.

No vendrá solo. Se espera que la delegación incluya funcionarios de la Secretaría de Estado, un representante de la Sala de Prensa del Vaticano y miembros vinculados con la seguridad del Papa. La comitiva volverá a visitar Luján y Córdoba, revisará escenarios, movimientos y necesidades de seguridad, y comenzará a transformar las propuestas todavía en análisis en un programa definitivo.

Hasta ahora, uno de los principales canales con la Iglesia es el secretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo. Sin embargo, un viaje de estas características exige una estructura más amplia que involucre seguridad, protocolo y otras áreas del Estado. La coordinación con los responsables de la seguridad vaticana quedará bajo responsabilidad nacional.

Una estructura eclesiástica ya definida

Del lado de la Iglesia, el esquema ya tiene nombres, funciones y responsabilidades precisas. La Conferencia Episcopal Argentina conformó una comisión nacional, una comisión operativa y equipos específicos en Buenos Aires, Luján y Córdoba.

El coordinador general de la visita es monseñor Raúl Pizarro. Debajo de él funciona una estructura encabezada por el padre Matías Taricco como director operativo y Pablo Sabatte como gerente de proyecto. El organigrama continúa con Gonzalo Zavala a cargo de Logística e Infraestructura; Federico Desteffaniz, Voluntarios; el padre Máximo Jurcinovic, Comunicación; Marcelo Cancelliere, Recursos; Constanza Levaggi, Contenidos; y Pedro Inzaurraga, Liturgia y Eventos. A ese último sector se agrega Rodrigo Martínez como responsable del equipo de Liturgia.

La precisión de la estructura permite dimensionar la magnitud de lo que se prepara. Hay responsables para conseguir recursos, reclutar voluntarios, montar escenarios, organizar celebraciones y administrar la comunicación de un viaje que movilizará a decenas de miles de personas y estará sometido a exigencias específicas de la Santa Sede.

Roma interviene incluso en detalles como las dimensiones de los altares, las características de los escenarios, el sonido y la infraestructura de las celebraciones. Sobre esos parámetros ya comenzaron a solicitarse presupuestos. No existe margen para montar libremente una escenografía: una parte de las decisiones se toma en la Argentina y otra requiere la aprobación del Vaticano.

Las actividades que todavía están bajo análisis

Además de las tres misas masivas, existen otras propuestas que todavía deberán recibir la aprobación definitiva de Roma. Una de ellas es un encuentro de León XIV con representantes del mundo del trabajo. La idea es reunir sindicalistas, trabajadores, empresarios y dirigentes vinculados con las cuestiones laborales. La Universidad Católica Argentina aparece como posible escenario.

Otra propuesta es realizar un encuentro con jóvenes. En este caso, por la cantidad de personas que podría convocar, se analiza utilizar un estadio y la alternativa más fuerte es River. Tanto la UCA como River son, por ahora, propuestas y no actividades confirmadas.

También está bajo análisis una visita a una institución dedicada a personas con discapacidad. Entre los lugares considerados aparece el Cottolengo Don Orione. En el mismo sentido se inscribe otra propuesta: una visita a la cárcel de Devoto. Ninguna de las dos actividades fue confirmada todavía por la Santa Sede.

La Iglesia también comenzó a resolver el financiamiento y decidió involucrar formalmente a las comunidades católicas de todo el país. En una carta fechada el 7 de agosto y dirigida a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y miembros de los Consejos Pastorales, la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina comunicó que durante el fin de semana del 22 y 23 de agosto se realizará en todas las celebraciones eucarísticas una “Colecta Nacional Imperada”. Todo lo recaudado tendrá como destino contribuir a los gastos de organización de la visita de León XIV.

El documento lleva las firmas del presidente del Episcopado, Marcelo Colombo; el vicepresidente primero, el cardenal Ángel Rossi; el vicepresidente segundo, César Daniel Fernández; y el secretario general, Raúl Pizarro, quien además quedó como coordinador general de la visita.

En el mensaje, los obispos plantearon que la llegada de un Papa a la Argentina después de 39 años demandará un esfuerzo que excede ampliamente la preparación de las celebraciones religiosas. Enumeraron entre las necesidades la infraestructura, los servicios, los espacios celebrativos, la organización y la comunicación, y convocaron a cada comunidad a involucrarse en los preparativos.

La colecta complementará el trabajo que ya realiza un equipo destinado a conseguir aportes de grandes donantes. La estrategia busca combinar esas contribuciones con las de los fieles y extender la organización de la visita a parroquias y comunidades de todo el país.

La carta de la Conferencia Episcopal expone además el sentido que la Iglesia argentina pretende darle al viaje. Los obispos presentaron a León XIV como un “pastor y signo de unidad” y plantearon su presencia como una oportunidad para promover la fraternidad y una “cultura del encuentro”.

El desafío político de cuatro días

La dimensión del desafío contrasta, por ahora, con las diferentes velocidades de la organización. La presencia durante cuatro días del Papa obligará a trabajar conjuntamente a administraciones que pertenecen a espacios políticos diferentes y que durante los últimos años mostraron enormes dificultades para construir mecanismos estables de cooperación.

Javier Milei es libertario; Jorge Macri gobierna la Ciudad desde el PRO; Axel Kicillof conduce la provincia de Buenos Aires desde el peronismo; y Martín Llaryora pertenece al peronismo cordobés, distanciado de la conducción formal del PJ. Durante la visita, los cuatro deberán formar parte, en diferentes momentos y con distintas responsabilidades, de un mismo engranaje institucional.

La Iglesia pretende mantenerse afuera de esas disputas. Su posición es que cada gobierno haga su parte y ocupe el espacio institucional correspondiente, sin trasladar a la organización papal las tensiones sobre quién aparece, dónde se sienta o quién consigue una fotografía.

La reciente misa de bienvenida al nuevo nuncio apostólico, Michael Wallace Banach, dejó una primera señal. Villarruel tuvo allí una presencia destacada, mientras que la representación del Poder Ejecutivo fue reducida. El episodio expuso hasta qué punto incluso una ceremonia religiosa puede quedar atravesada por las tensiones internas del poder.

León XIV llegará a un país donde el Papa conserva una dimensión política, cultural y social que desborda ampliamente a la comunidad católica. Y llegará, además, en un momento en el que los principales gobiernos involucrados en su recorrido pertenecen a fuerzas que compiten entre sí.

A fines de agosto, cuando José Salas aterrice nuevamente en Buenos Aires al frente de la avanzada vaticana, comenzará una etapa más intensa. Los enviados de Roma recorrerán los lugares, revisarán las condiciones de seguridad y avanzarán en la definición de las actividades que entrarán en un programa comprimido en cuatro días.

Para entonces habrá una Iglesia con responsabilidades distribuidas, una estructura vaticana especializada, tres gobiernos locales dispuestos a participar y una administración nacional que deberá coordinar buena parte del operativo. También habrá dos papamóviles en preparación, tres grandes misas proyectadas y una serie de actividades que Roma deberá terminar de aprobar.

Pero detrás de toda esa ingeniería habrá una prueba menos visible y probablemente más difícil: que libertarios, macristas y distintas expresiones del peronismo consigan durante cuatro días la plasticidad necesaria para compartir responsabilidades, coordinar recursos y administrar sus diferencias.

La visita de León XIV será un acontecimiento religioso histórico. Para la política argentina será, además, una prueba de madurez institucional: estar a la altura de una visita de Estado en la que, esta vez, el protagonista será otro.

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