Un análisis de fósiles perdidos por décadas en Dinamarca confirmó el tamaño máximo del depredador y aportó pistas sobre su dieta.
Un equipo internacional recuperó en Dinamarca unas vértebras del megalodón extraviadas desde la década de 1980 y confirmó que Otodus megalodon alcanzó una longitud máxima de 24,3 metros. El hallazgo también aportó, por primera vez, evidencia de que este tiburón extinto se alimentaba del tiburón peregrino.
Los restos fueron identificados en los depósitos del Museo Geológico de Copenhague, hoy parte del Museo de Historia Natural de Dinamarca, donde permanecieron olvidados durante décadas. Con el análisis, los científicos confirmaron que las vértebras alcanzaban un diámetro de 23 centímetros, el mayor registrado para cualquier pez conocido.
Qué reveló el análisis
La investigación fue realizada por Kenshu Shimada, de la Universidad de DePaul en Chicago; Mette Elstrup y Trine Sørensen, del Museo del Sur de Jutlandia en Dinamarca; Henrik Lauridsen, de la Universidad de Aarhus; y Mikael Siversson, del Museo de Australia Occidental. Los resultados se publicaron en la revista científica Palaeontologia Electronica.
Además de validar las medidas del animal, el equipo estudió los anillos de crecimiento internos de las vértebras para estimar su edad. El conteo reveló que el individuo tenía al menos 64 años al morir, con una longevidad teórica de hasta 96 años según el modelo de crecimiento elaborado por los investigadores.
Entre los restos hallados junto a las vértebras, los científicos identificaron escamas y estructuras branquiales del tiburón peregrino, una especie que existe hasta hoy. Para Mikael Siversson, eso permitió interpretar esos elementos como contenido estomacal del megalodón y documentar por primera vez este tipo de evidencia en el registro fósil de la especie.
Cómo reaparecieron los fósiles
Durante décadas, los especialistas enfrentaron un problema: las vértebras más grandes jamás registradas para esta especie habían desaparecido de los archivos del museo danés. Solo quedaban fotografías antiguas en la literatura científica, sin acceso al fósil real.
La situación complicaba cualquier cálculo sobre el tamaño o el peso del depredador, porque esos restos eran la base de las estimaciones sobre su dimensión máxima. El reto era mayor debido a que el esqueleto de los tiburones está formado por cartílago, un tejido que rara vez se conserva en el registro fósil.
Las vértebras aparecieron en unas cajas olvidadas dentro de los depósitos del museo. Una empleada las encontró por casualidad y desde ese momento comenzó el trabajo de análisis. Trine Sørensen limpió y preparó los fósiles, y después Henrik Lauridsen realizó una microtomografía computarizada en la Universidad de Aarhus.
Lauridsen explicó que “escanear los grandes fósiles de vértebras rodeados de arcilla a ultra alta resolución fue un verdadero desafío técnico, que resultó en la generación de más de 100 gigabytes de imágenes”.
El tamaño máximo del megalodón
Con los datos obtenidos, el equipo comparó los anillos de crecimiento con registros de tiburones actuales y fósiles. Kenshu Shimada afirmó que “el redescubrimiento de las vértebras fue una verdadera alegría, porque confirman de forma empírica el diámetro vertebral máximo de 23 centímetros reportado en la literatura”.
Shimada cerró la investigación con una conclusión precisa: “Aunque nuestro modelo de crecimiento sugiere que el megalodón podría haber crecido teóricamente un poco más, los 24,3 metros son actualmente la estimación máxima científicamente justificable para O. megalodon”.
El megalodón se extinguió hace unos 3,6 millones de años. Su desaparición habría sido resultado de una combinación de factores: el enfriamiento de los océanos redujo sus presas principales, las ballenas, mientras que depredadores más ágiles como el gran tiburón blanco le disputaron el alimento.
Los investigadores recomendaron continuar la búsqueda de fósiles en el yacimiento de Gram, en Dinamarca, para ampliar el registro de la especie y revisar sus estimaciones de crecimiento.












