“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava, y ha hecho cosas grandes el poderoso y santo es su nombre” LC. 1,47.
- Quiero con María Santísima, elevar un canto de alabanza y acción de gracias a Dios Padre Todopoderoso, fuente y origen de todo Don y de toda Gracia en Cristo Jesús. Nuestro Corazón exulta de gozo y alegría al recordar las maravillas de Dios en nuestra Iglesia Particular que hoy está cumpliendo 50 años de incasable servicio pastoral. Alabamos, bendecimos, y damos gracias a Dios Padre de la misericordia por esta feliz coincidencia de su Providencia, al hacer coincidir la fecha del jubileo de los 50 años de elevación de ésta Iglesia Particular como Prelatura, con la fecha de la elevación al grado y dignidad de Iglesia Diocesana. También ha querido el Santo Padre Francisco favorecer la continuidad del trabajo pastoral de los religiosos Legionario de Cristo con mi nombramiento como primer Obispo diocesano. “Bendito sea Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en Cristo Jesús” (Ef. 1,1)
- En medio de estos tiempos difíciles críticos y complicado de la pandemia del Covid-19, Dios nos tenía reservada esta alegría y esta bendición que nos llena de luz y esperanza para salir adelante más unidos y más fortalecidos y solidarios. Son tiempos de sombras, pero también de luz, son tiempos de tristeza, pero también de alegrías, son tiempos de crisis, pero también de esperanza cierta; porque son tiempos de Gracia: “El Señor me ha enviado a proclamar el Año de Gracia del Señor. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los prisioneros son liberados y los pobres son evangelizados”. Tiempos de Gracia para reconocer que él nos amó primero. Tiempos de Gracia para comprometernos con entusiasmo en la construcción de esta nueva diócesis, Tiempo de Gracia para caminar juntos y unidos en el servicio pastoral.
- ¿Cómo pagare al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, bendeciré al Señor y le cumpliré mis votos” (Salm.115). La elevación a Diócesis nos compromete a todos a elevar nuestros niveles de fe, de esperanza, de amor y sobre todo de compromiso en la construcción del Reino de Cristo en estas benditas tierras de Quintana Roo. Si Él nos amó primero, ahora nos toca a nosotros corresponder a ese amor. La elevación a Diócesis, eleva la gratitud de nuestro corazón, que noble y creyente, no puede olvidar los dones recibidos. La elevación a Diócesis nos eleva a todos a otro nivel de servicio pastoral asumiendo con nueva responsabilidad, una nueva pastoral, dinámica y orgánica que incida profundamente en la generación y fortalecimiento de los valores y virtudes que construyen la familia y sociedad. La elevación a Diócesis, nos eleva todos a otro grado de responsabilidad para enfrentar los grandes retos de ésta nueva Diócesis: el gran reto de la comunión (una Iglesia unida, casa y escuela de comunión), el gran reto de la misión (Una Iglesia en salida misionera, que llegue a hasta las últimas comunidades y periferias existenciales), y el gran reto de la acción solidaria (una Iglesia samaritana y misericordiosa que atiende a los pobres, enfermos, desamparados y golpeados por tanta crisis del mundo en que nos toca vivir. Tenemos mucho que agradecer y mucho por hacer. Ratifico a sus cargos y oficios a todos los sacerdotes de la Nueva Diócesis. Que la Virgen de Guadalupe nos alcance todas las gracias que necesitamos para estar a la altura de los compromisos y responsabilidades que esta nueva Iglesia Diocesana nos demanda en su admirable crecer y en su firme caminar Pastoral. Que la Virgen Santísima nos acompañe en esta hermosa arriesgada travesía, nos proteja de todo peligro y nos ayude a llegar a buen puerto. Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes, ven conmigo a todas partes y solo nunca me dejes, y ya que me proteges tanto como una verdadera Madre, has que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén











