Michaeleen Doucleff plantea que el conflicto por el celular y las redes sociales se entiende mejor desde la dopamina y el deseo.
El conflicto por el uso de pantallas en casa no se explica sólo como una pelea entre padres e hijos, sino como una respuesta del cerebro a la dopamina. La autora Michaeleen Doucleff sostiene que, al quitar un celular, un niño puede sentir que le arrebatan algo vital.
“Si le prohíbo a mi hija el uso del celular le estoy arrebatando a mi hija algo importante que ella podría estar percibiendo como vital para su supervivencia”, resume Doucleff, autora del libro “Niños dopamina”.
La periodista especializada en ciencia de la cadena pública estadounidense NPR plantea que uno de los primeros objetivos de su libro es desmontar mitos sobre este neurotransmisor. Entre ellos, la idea de que la dopamina sea únicamente la molécula del placer o de la felicidad.
Doucleff explica que la creencia generalizada atribuye a las “oleadas de dopamina” el efecto de hacer que una persona disfrute lo que está haciendo, ya sea pasar horas en redes sociales o consumir grandes cantidades de alimentos azucarados. Sin embargo, dice que eso no coincide con la mayor parte de los datos científicos.
“De hecho, existen muchos datos que refutan la idea de que la dopamina media en la sensación de placer”, afirma Anne-Noel Samaha, investigadora en neurociencias en la Universidad de Montreal, en conversación con Doucleff.
Samaha le explica a la autora de “Niños dopamina” que hay personas que no encuentran placer en lo que hacen bajo el influjo de la dopamina, como comprar en exceso, y que incluso pueden sentirse disgustadas con su propia actitud.
La investigadora añade que la dopamina forma parte de mecanismos que evolucionaron en el cerebro para atraer a las personas hacia cosas esenciales para la supervivencia: agua, seguridad, sexo y comida. Por eso, la periodista resume que la dopamina genera otra emoción: el deseo.
Desde esa perspectiva, retirar a un niño cualquier estímulo que provoque grandes aumentos de dopamina puede ir contra circuitos neuronales ancestrales que fueron fundamentales para la supervivencia de la especie humana.
Ahora, la supervivencia ya no depende de los videojuegos o de las redes sociales, pero para un niño puede sentirse así. Doucleff señala que, cuando intenta quitarle ese tipo de estímulos a su hija, ella se resiste y pelea con ella.
“Y esa es una pelea prácticamente perdida de antemano”, advierte la autora al describir el conflicto que se genera en casa cuando el celular o las pantallas ya ocupan un lugar central en la rutina familiar.
Cómo prevenir la pelea por la dopamina
En su libro, Doucleff propone que los padres sean cautelosos en la forma en que presentan y proporcionan las fuentes de dopamina a sus hijos, ya sean dispositivos tecnológicos o alimentos. Sugiere hacerlo de manera lenta, mesurada y controlada.
Para las familias que ya enfrentan ese problema, la idea no es sólo pelear para quitar esos elementos, sino reentrenar el cerebro para que otras actividades y alimentos también generen bienestar. El objetivo es reducir el conflicto y cambiar hábitos de fondo.
Entre los cinco pasos que propone está sustituir el tiempo frente a la pantalla por actividades igual de atractivas. También plantea organizar las rutinas cotidianas para que las opciones saludables se conviertan en la norma, sin negociaciones ni conflictos.
El tercer paso consiste en establecer límites respecto a las pantallas y a los alimentos ultraprocesados que los niños disfruten. El cuarto es tomar las decisiones de la familia antes, durante y después de probar nuevas aficiones.
El quinto paso es “transformar el hogar en un santuario libre de pantallas que proteja la conversación, la capacidad de concentración, el sueño y la aventura”.
El problema también alcanza a los adultos
Doucleff advierte que el problema no se limita a los hijos. Como señala el reporte de la reciente prueba Pisa, la distracción informática es un asunto familiar y los padres también pueden estar enganchados con las pantallas.
Ante ese escenario, Tanja Ahlin y Xin Zhan, de las universidades de Leiden y Cambridge, sugieren la detoxificación digital, que consiste básicamente en tomarse unas vacaciones lejos de cualquier dispositivo.
La discusión sobre pantallas, dopamina y hábitos familiares se ha vuelto parte del debate sobre educación, concentración y convivencia en casa. En ese marco, la autora insiste en que la pelea no debe centrarse sólo en el niño, sino en el entorno que alimenta el uso constante de dispositivos.
El libro “Niños dopamina” parte de esa premisa para replantear la relación con la tecnología y con los alimentos que activan el deseo. En lugar de una prohibición frontal, propone cambios graduales que ayuden a reducir la resistencia y a recuperar rutinas más estables.
La reflexión también conecta con los hallazgos que relacionan el uso excesivo de pantallas con problemas de atención y con la vida cotidiana de las familias. Por eso, la autora insiste en que entender el papel de la dopamina puede ayudar a resolver mejor un conflicto que, en apariencia, parece sólo de disciplina.










